Los Templarios y el Tarot

Como seguramente el lector ya ha experimentado, el simple hecho de navegar por Internet pone a su disposición un infinito material en forma de artículos, videos, etc., referidos al arcano del Tarot. Y en esa pléyade de fuentes, muchas espúreas y apócrifas, los espacios dedicados a reseñar la historia del mismo no son los menos. Penosamente, uno comprueba que, por lo general y salvo honrosas excepciones, la “crónica histórica” se reduce muchas veces a replicar mitos instalados -sin mayor comprobación historiográfica-cuando no acudir a infusas referencias de tipo mediumnímico o canalizador.

No objetaremos el derecho de quienes creen que estas versiones son correctas y algo más que su propio  “sesgo de aceptación”; sólo reservamos el propio de indagar en base a otras fuentes que no dependen de la proyección de creencias personales y se basa en la documentación histórica.

Un primer paso en ese sentido lo iniciamos hace pocos años cuando dimos difusión del trabajo de investigación del Lic. Javier Paul, de Argentina, quien bajo el título “Historia del Tarot” presentó la más prolija relación histórica para seguir las huellas, hasta instancias medievales, de este apasionante Arte. Es este trabajo, entonces, la oportunidad para buscar complementar el mismo (que seguimos compartiendo gratuitamente con quienes nos lo soliciten al correo caintegral@yahoo.com.ar ) explorando aristas no muy conocidas y realmente sugerentes.

Durante siglos, el aspecto esotérico del Tarot permaneció eclipsado al común de los mortales; fueron tiempos donde se consideraba que su conocimiento implicaba un grado de formación, ilustración y apertura -aunque más no fuere para hacerse responsable de sus implicancias- que aún restarían siglos por alcanzarse en niveles más populares. Si estos son esos tiempos es materia de debate; pero, cuando menos, desde hace unos ciento cincuenta años autores reconocidos en el campo de la Filosofía Hermética señalan que la humanidad está entrando en períodos donde cuando menos los Misterios Menores pueden comenzar a ser develados a quienes manifiestan propósito, intención y voluntad de aprenderlos, quedando por tanto los Misterios Mayores reservados para la relación maestro – discípulo.

Esta prevención (también con el Tarot) parece encontrar fundamento cuando el propio René Guénon escribe en “El Reino de la cantidad y los signos d ellos Tiempos” : “… es en el Tarot donde se encuentran los residuos de una ciencia tradicional indiscutible, sea cual fuere su origen real, aunque poseedora de aspectos harto tenebrosos… (…) ….- no pretendemos hacer con ello alusión a las abundantes elucubraciones ocultistas a las que ha dado lugar y que en gran parte carecen de toda relevancia, sino a algo mucho más efectivo que hace su manejo mucho más peligroso para todo aquél que no esté suficientemente precavido contra “las fuerzas de abajo””.

¿Cómo interpretar estas palabras?. En principio podemos suponer que se refiere a que el método de “prospección” que es Tarot, en manos inconvenientes, es un peligro para el orden, la sociedad, la seguridad y privacidad d ellos demás. Empero, las últimas palabras no advierten de otro nivel de riesgo: que la manipulación de tales “fuerzas” sutiles, o bien atraiga entidades del bajo astral, o abra “grietas” en la realidad por donde puedan colarse las mismas.

Sea cual fuere el caso, lo cierto es que advertencias en boca de un intelectual tan prestigioso y reconocido aún fuera de los ámbitos esotéricos advierten de un “secreto” que debe ser resguardado a la vez que preservado para el futuro. No será ésta obviamente la única justificación a la que acudiremos para explicar la presencia de la Orden del Temple en la historia del Tarot, pero de cara a los comentarios que seguirán debe atenderse al hecho de haber sido esta Orden, precisamente, altamente especializada y dotada para preservar secretos de corte espiritualistas importantísimos y “peligrosos” para el statu quo de su tiempo.

Pero avancemos.

Quizás debamos detenernos un momento en considerar algún origen alternativo de su propio nombre. Guillaume Postel, en 1546, regresando de un extenso viaje por Oriente publica su “Clavis Absonditorum” donde expone la relación entre las palabras TARO, ROTA (rueda), ATOR y las cuatro letras del Tetragrammaton, o Nombre de Dios. De Taro provendría Tarot, según algunos de sus discípulos. Pero Antoine Court de Gébelin sostuvo, a mediados del siglo XVIII, que proviene de la palabra egipcia “Tarosh” (Tar: “vía”, “camino”; rosh: “real”), es decir, “Camino Real” como vía iniciática. Recordemos que fue Gébelin quien sostuvo primero que los 22 Arcanos Mayores eran el Libro de Thot. Eliphas Levy, por su parte, entiende que tiene raíz hebrea y lo hace derivar de la palabra “Torah”, creado en tiempos de la última revuelta judía contra los romanos. Robert O’Neill, Alain Bougearel y Philippe Camion, por su parte, señalan que sus raíces se hunden en el neoplatonismo, se nutrieron de la transliteración de enseñanzas indias y chinas y se consolidan entre lo Cátaros, como parte de un “Gay Saber” secreto en los círculos más íntimos de esta facción cristiana. La relación de los Cátaros con el Tarot no se ha estudiado con la seriedad que presenta; pero -si toman ustedes en cuenta nuestras propias investigaciones sobre el Templarismo en aquellos tiempos- si así fue, y dado que los Templarios protegieron a muchos Cátaros, la posibilidad que haya pasado de ´pestos a aquello se va dibujando en el horizonte. Recordemos que en los círculos templarios eran afectos a ciertas prácticas lúdicas como “enmascaramiento” de enseñanzas espirituales (tal como hemos señalado hace años, el Juego de la Oca, en este trabajo: «El Grial de la búsqueda») por lo cual esa inmanente dualidad de la baraja de naipes, entendida como un entretenimiento superficial y popular pero a la vez perpetuador de conocimientos espirituales no sólo no les resultaría ajena sino a la par sumamente atrayente.

El sufí Idries Shah por su parte -y atención a esto- es apuntar un posible origen islámico, sufí, del Tarot. Y es el mismo que llama la atención sobre un origen bastante “profano” de la palabra Tarot. Según él, el adjetivo “taroté” se refiere a cartas cuyo dorso está marcado de gris en compartimientos. Pero “taroté” se decía antiguamente de una superficie dorada con hojas, cuando estaba troquelada o grabada con un estilete o un punzón para imprimir un dibujo en el oro. Los fondos de los primeros tarots iluminados eran obtenidos de esta manera, y recordemos que aún hoy se emplea el término “taraceado” para describir el Artesonado de acoplar maderas de distintos tonos y tipos en una superficie integral. Uno de los más antiguos juegos de Tarot que se conocen, el llamado “tarot de Visconti” (del siglo XV, en Milán (nos muestra, en efecto, personajes pintados sobre hojas de oro “tarotadas”. Y aquí llegamos a un detalle importante: Filippo María Visconti, duque de Milán, encargó, en algún momento entre 1415 y 1450, un tarot del que quedan aún algunos naipes. Los Visconti – Sforza eran mandatarios de la Lombardía y Milán, protectores del Catarismo y también del Temple (en Spoletto se reunieron y dio cobijo a varios centenares de caballeros del Temple a partir de 1318, tras la supresión por Clemente V).

El ya citado Philippe Camion, restaurador del Tarot original, señala que el Tarot de Marsella están simbolizados diversos conocimientos de las cofradías de constructores medievales, estando presente, entre otros saberes técnicos, el Número de Oro. -Recordemos que los Templarios fueron el vehículo de protección, financiamiento y preservación del estallido de “arte gótico” (sin otro parangón histórico) y ello podría deberse a ser Marsella (fundada en el 600 a.C.) destino natural de numerosos navíos procedentes de Egipto y, tengamos muy presente, lugar donde habría residido varios años María Magdalena a su llegada a las Galias después del martirologio de Jesús. En el siglo VI -de nuestra era- un abad llamado Jean Saint –  Cassien funda en Marsella la “abadía de San Víctor” (se supone sobre ermitas cristianas más antiguas), abadía que en el siglo XI ejercía notable influencia en el sudeste francés y Cataluña. Incluso les será otorgado por Alfonso VI de Castilla, en 1088 el monasterio de San Salvador de Toledo. Y este monasterio es entregado por la abadía a los Templarios, sirviendo, por orden de quien sería luego elegido Papa como Urbano V -abad del monasterio- toda la estructura de personal y recursos del mismo como “tapadera” de los caballeros que escapan del largo brazo de Clemente V. En 1362, Urbano es elegido Papa, como dijimos, y poco después se fechan los Tarot que muestran el Arcano V (El Papa) con triple tiara y cruz patriarcal, siendo Urbano el primero en usar conjuntamente esos distintivos. No es detalle menor que lo de “V” corre tanto para la numeración del Papa como para el Arcano). Otro dato curioso: en 1999 se descubrió cerca de Marsella un mausoleo del siglo I d.C, romano, que presenta la esfinge alada del Arcano X del Tarot Marsellés. Es sabido que esta protección de los Visconti – Sforza a los Templarios fue sólo una “devolución de favores” , entre otras cosas, por los abultados préstamos que a la familia habían sabido facilitar los del Temple e incluso se sospecha que los dineros del Temple (pues éste no cayo en manos de Clemente y Felipe IV, como se cree y tal como era el deseo manifiesto de ambos) facilitaron la llegada de Urbano al trono de Pedro. Por cierto: Urbano V era benedictino, y ya hemos visto la relevancia de esta Orden en el cuidado y secretismo alrededor de misterios ancestrales (Podcast AFR N° 250: Claves del Cristianismo esotérico).

Cuando estamos considerando el “entronque” de los Templarios, en este caso, con el Tarot, va de suyo que debemos, previamente, adoptar una definida postura: o vemos a los Templarios según la “historia oficial”, esto es, como una Orden, relevante por cierto, acendradamente católica y tributaria del Papado, con gran peso político, militar y financiero que sucumbió a las ambiciones del poder de turno, o lo vemos como una Orden Iniciática que adoptó usos y costumbres de la época que le tocó vivir pero que hundía sus raíces -y supo metamorfosearse después para escapar con disfraces a su exterminio- en hermandades mucho más antiguas, preservadoras de secretos que trascendían la cosmopercepción limitada del Medioevo («De Anunnaki a Jesús, siguiendo la ruta Templaria…» y sus correspondientes links referenciales).

Puesto en este contexto, debe comprenderse también la particular psicología de las sociedades iniciáticas, que juegan permanentemente a un juego destinado a confundir y desorientar la “mirada profana”. Por ejemplo, agrupaciones que pueden verse “en la superficie” como enemigas y entrar en colisión incluso bélica, pueden tejer alianzas e intercambiar informaciones y aprendizajes en sus cenáculos más cerrados como, por caso, hemos investigado personalmente y documentado, aquí en Argentina, entre dos miembros de la Masonería que la historia escolare presenta como enemigos en el campo de batalla: Sarmiento y Urquiza («Además de Masón…¿el General Urquiza se vinculó al templarismo?»). En tal línea de pensamiento, entonces, entenderá el lector una dicotomía que sin duda le parecerá flagrante: pese a ser enemigos mortales en el campo de batalla en Tierra Santa, en Europa, más precisamente en lo que luego sería España pero aún en Egipto, donde los Templarios tuvieron activa presencia inclusive tan al sur como la isla de Philae, en el Nilo («De Anunnaki a Jesús, siguiendo la ruta Templaria…»). Así, sabios cristianos, judíos y musulmanes, bajo la protección, logística y participación de miembros del Temple, trabajaban mancomunadamente durante años, especialmente en Córdoba, complementando mutuamente “lagunas” de sus Conocimientos. Y aquí aparece la “pata islámica” del Tarot.

Señala el estudioso Ángel Mario Trías que la palabra italiano “tarocco” es una latinización de la voz árabe “Turuq”, que significa “sendas”, mientras que “baraja” proviene de “baraka”, que a su vez significa una clase singular de energía asociada a la gracia y la buena suerte. La misma palabra “naipe” es una corrupción de la voz “naib”, que significa “proyección”, “copia”.

Entre los sufíes -de ello dejó escritos Ibn al Arabí, de Murcia- tanto los personajes de los cuatro palos de la baraja como algunas descripciones simbólicas del Tarot son parte de la hermenéutica y la heurística sufíes. El ya citado Idries Shah supo escribir: “el juego de cartas fue introducido en Viterbo en 1379 procedente de Sarracinia, donde era llamado “Naib”. “Naib” significa “material sustituto” y forma parte de las alegorías de la enseñanza de un maestro sufí sobre ciertas influencias cósmicas sobre la humanidad. Se divide en cuatro partes llamadas Turuk (Cuatro Caminos) palabra de la cual se deriva indudablemente “Tarot”. El Tarot que se conoce en Occidente ha sufrido la influencia de un proceso cabalístico y judaizante, destinado a adaptarlo a ciertas doctrinas que no están presentes en el original. La baraja actual es sólo parcialmente correcta, pues se han producido ciertas trasposiciones de los significados de algunos de los “atouts”, triunfos o figuras emblemáticas de la baraja…

Al – Andalus, hoy Andalucía, fue el ámbito de trasposición de conocimientos musulmán a cristianos y judíos, como ya señalamos en el caso de Córdoba. Y algunos autores, como Singer (1816), Cicagnard (1831), Lacroix (1835), Leber (1842) y Roger Caillois -principios del siglo XX) han señalado un origen indio para el Tarot, como derivado del llamado “Dasavatara”.

El vocablo “naip” aparece ya en escritos de 1371 y en un documento de 1299 perteneciente a la familia Pipozzo, de Siena, se vincula a un preciado objeto de colección.

Si el “turuq” (cuyo singular es ”tariqah”, “vía espiritual”) era una herramienta para el trabajo espiritual expresado en los “naipes” o “barajas” que también fueron accedidas por el vulgo en forma de divertimentos, tiene entonces origen árabe (quienes bien pueden haberlo aprendido de los hindúes a travérs de sus rutas comerciales que llegaban al Lejano Oriente), es obvio que aún antes de llegar en manos de comerciantes a Italia puede haber desembarcado -sin exclusión uno de otro- en Europa ya sea en Marsella (procedente de Egipto, de donde se “cuece” la leyenda de su origen en tal tierra ancestral) o Andalucía, y esto décadas antes de hacerlo en Italia. De ser así, esas décadas nos ubican en algún momento del siglo XIII y ello, a su vez, lo lleva directamente a manos de los Templarios.

Deberíamos (para finalizar) considerar estudiar el derrotero geográfico, iniciático y cultural del Tarot así como sabemos lo ha hecho el ajedrez desde el “Chaturanga” inicial («De Anunnaki a Jesús, siguiendo la ruta Templaria…»). Un detalle quizás no menor: en 1332 el rey Alfonso XI de Castilla aprueba las “Ordenanzas de la Orden de la Banda”, que Juan I de Castilla hace extensiva en 1367 y la Corona de Aragón en 1391, prohíbe a los “caballeros” los “juegos de naipes”. Parecería una medida moralina contra los juegos de azar y quizás las apuestas -y la mirada “pecaminosa” que ello podría tener- pero sólo si cometemos el error de ver esta anécdota con la mirada superficial, mundana, profana, de hoy en día. Porque en ese entonces al hablar de “naipes” se referían a lo que en Italia se llamaban “carticellas”, de las que se dicen eran “instrucciones morales y espirituales para ciertos niños elegidos” (de éstas ya se deja constancia en el año 1227). Ahora bien, ¡cómo podría molestar a un rey “juegos” con “barajas con lecciones morales” si no fuera que aquí el término “moral” tuviera una connotación más profunda -y potencialmente peligrosa- de tipo “hermético” y/o remitiera a la herida aún abierta en la población tras la destrucción de la Orden del Temple?.

Decíamos que en estos tiempos de Misterios Menores cuyos velos pueden (y deben) ser levantados, hay enseñanzas guardas en el seno de los Templarios que bien debemos compartir, tal como el así llamado “rito Templario” («De Anunnaki a Jesús, siguiendo la ruta Templaria…») y de este conocimiento ha escrito (y mucho) Frater Perdurabo, el maestro anónimo que fuera de tanta importancia en la restructuración de la Orden de la Golden Dawn en 1940 (y aquí, aún a riesgo de entusiasmarnos e irnos por las ramas, recordemos que coincide con la constitución, por orden de Winston Churchill, con la “Oficina de guerra mágica” en la que tan implicada estuviera -Dion Fortune.

Del Tarot, puede decirse que los Templarios preservaron una costumbre: reemplazar ciertos naipes unos por otros en su orden implícito en nel mazo. Así la carta “0”, es decir, El Loco, va entre la XX y la XXI. Las VIII y XI tienen que ser intercambiadas, pues la “Fuerza”, y su león, pertenece astrológicamente al signo de Leo mientras que la balanza de La Justicia se corresponde a Libra.. Así también, XVII y IV deben ser intercambiadas, ya que La Estrella se refiere en el Zodíaco a Acuario y El Emperador a Aries. Sin sumergirnos hoy, aquí, más en la riqueza simbólica del Tarot, el estudiante y practicante avanzado podrá sacar una serie de lógicas e interesantes conclusiones de este conocimiento supérstite.

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