Esoterismo entre los Mayas

Anteojeras alrededor de los ojos. Museo Nacional de Antropología e Historia. Foto del autor.

Es posible que algunos lectores, al cabo de este artículo, se sientan decepcionados, si es que están acostumbrados a tanto blog y youtuber que sin mayor trabajo “de campo” pueden hacer afirmaciones un tanto peregrinas sobre la Espiritualidad Maya (sin ir más lejos no pasaron tantos años desde que se hizo popular la creencia que los mismos habían “emigrado a Las Pléyades” para retornar como nuestros hermanos de las estrellas contemporáneos, todo ello basado, claro, en “canalizaciones”. Y cuando uno (investigador de campo, después de todo y mal que les pese a los detractores de siempre) pregunta por las “evidencias”, recibe como respuesta que se trata que “es posible” y que es “lo que le resuene a cada uno”. Bien, lo posible no es lo probable, que algo “pueda ser” no significa que lo sea. Y en cuanto a la resonancia, pues si tratamos de reconstruir momentos históricos no podemos reducirlo a una simple sucesión de creencias personales.

En ese mismo orden, una nota como esta no agotará todas las implicancias de la decodificaciòn del Esoterismo entre los mayas; ímproba tarea que requeriría tiempos y espacios que no son éstos. Pero iremos compartiendo una serie de certezas nacidas del trabajo en el terreno así como observar las evidencias arqueológicas con conocimiento y formación esotérica previa.

Debo decir sin embargo que quizás el título sea un tanto erngañoso; ya que posiblemente cuando analicemos las evidencias deberíamos históricamente ser más precisos y aclarar que todo parece señalar que el origen de las enseñanzas proviene de los Olmecas sobre los que escribiré pronto otro trabajo. Lo que en este párrafo estoy señalando es que estos Conocimientos, si bien expresados en el arte Maya, fueron llevados por ellos.

¿Y por qué digo esto?.

En una de las versiones del “Chilam Balam” , la de “Chumayel” (existe distintas copias de este libro de entre el siglo XVI y XVII donde los ancianos recogieron tradiciones orales y códices que se fueron perdiendo) se nos dice:

“Trece veces ocho mil katunes había estado reposando en su piedra, cuando se movió la semillas del señor Hunac – Ceel”
“Aunque no eran lo mismo que el sol, de la joya del pecho del sol bajo la casta de los hombres buenos – mis ropas, mis vestidos- ¿hubieran dicho si hubieran sido dioses?”
“Así pues lo sabéis y lo dice cualquiera. La tierra suave de la orilla del pozo dice que allí llegaron conquistando, al golpe de la guerra. Estaban en Chichén los Itzáes… ¿vinieron o estaban?”

El autor en Chichén Itzá.

Voy a poner esto en lenguaje llano. Lo que aquí se nos cuenta es que durante un período de tiempo increíble (104.000 años, pero “años” de 260 días, es decir, un período de 74.000 años de 365 días, lo cual por supuesto es muy desagradable para los arqueóplogos clásicos, que en ese entonces sólo aceptan clanes nómades de cazadores y recolectores) un pueblo Quiché estuvo viviendo en sus tierras en lo que hoy es Guatemala hasta desplazarse hacia el Yucatán. Llegaron a lo que hoy conocemos como Chichén Itzá, pero allí encontraron a los “Itzáes”. Ellos, incluso, no tienen claro si ya estaban con anterioridad o apenas habían llegado, y este “encuentro de culturas” habría ocurrido, aproximadamente, 900 antes de nuestra era.

“Itzáes” significa “brujos del agua”. Los Itzáes pertenecían a un pueblo que los mayas llamaron “Ah Meca Tutul-Xiu” y que luego los Toltecas conocerían (y populizarían) como Olmecas. Palabra muy interesante, pues en náhuatl, la “lingua franca” que los mexicas impusieron y que se trata de un idioma de aglutinación (es decir, que todo término puede descomponerse en otros con significado propio) la palabra nace de la contracción de “Ollin” (Espacio – Tiempo) y “Mecatl” (“Medición”). Es decir, quienes miden el Tiempo y el Espacio. Comprenderán ustedes ahora porqué debemos regresar luego en un artículo exclusivamente sobre este pueblo fascinante.

Los “Itzáes”, casta o franja social de sabios de origen Olmeca, traen su ciencia y su sabiduría espiritual. De modo que los matices filosóficos y esotéricos que vemos entre los Mayas,. Como dije, en puridad se originan entre los Olmecas.

Por ejemplo, la costumbre de presentar imágenes antropomorfas con grandes argollas, arandelas u anteojeras rodeando sus ojos. Erich von Däniken, con cierta ingenuidad, se preguntaba si no se trataría de gafas o anteojos, al modo moderno (digo “con cierta ingenuidad” porque , respetando el aporte del escritor suizo, creo incorrecto ver con ojos del siglo XXI la tecnologia y estética de tres milenios atrás). Entonces y como decíamos, esos redondeles alrededor de los ojos tienen un significado “simbólico” (y aquí entramos de lleno en lo esotérico: significa que ese individuo “tiene los ojos bien abiertos”, es decir, “ve más allá del hombre común”. Simbólicamente (y una vez más vemos aquí como grandes simbolismos de la Antigüedad se despreciaron con su vulgarizaciòn a través del tiermpo) lo mismo pasa con los pendientes: aumentar el tamaño de las orejas simboliza “escuchar mejor” (con lo cual el primer ejemplo, el de las anteojeras, define a individuos “clarividentes”, y la segunda imagen (la de grandes pabellones auditivos) de personas que “saben escuchar”, consejeros y buenos intérpretes de la realidad del pueblo.

Chac Mol hallado en el Templo Mayor, Zócalo de CDMX, foto del autor.

El arqueólogo Adalberto Rivera Astudillo, señala que la típica imagen de Chac – Mol (que en la iconografía oficial se le suele comparar con “Tlaloc”, “dios de la lluvia” entre los mexicas) . Ya hemos escrito y comentado cómo el concepto de “dioses” es sólo parte de la incapacidad de los conquistadores para aprehender su filosofía. En este caso en particular, la estatuaria de Chac Mol muestra un Quetzalcaán o “gran iniciado”, y esa superficie, cuenco o disco en el plexo, así como su posición habla del control, de la energía mental y corporal. Por algo es una de las posturas ancestralmente transmitidas para la práctica del Tonallin (ver de qué se trata, para quienes lo desconocen., en: «Tonallin (Yoga Tolteca en 45 palabras» y «Tonallin (Yoga Tolteca) en 7 preguntas (y respuestas)»). “Chac – mol”, en realidad, significa “fuego sagrado”. Y aquí comienza a despuntar el velo de una increíble enseñanza: entre los Mayas existía un verdadero culto “solar, fálico y serpentino”, y esa “serpiente” es asimilable al concepto (bien conocido por nosotros) de Kundalini, pues la serpiente era signo de energía sexual.

Las “serpientes” en la transmutación de los siete egos. Museo nacional de Antropología e Historia, CDMX. Foto del autor.

El ser humano, según sus tradiciones, tiene siete egos. Y así muchos relieves muestran personas decapitadas aparentemente, de las cuales brotan (desde lo que sería su cuello) siete serpientes de luz. Los guías turísticos que te acompañen circunstancialmente dirán que representa la sangre expulsada por la decapitación; la enseñanza transmite que cuando dejas descansar el raciocinio (la cabeza) se liberan esos egos opresores. Este tipo de imágenes suelen aparecer en las plazas o recintos de “juego de pelota”, sobre el que tanto se ha especulado. Solemos aceptar sin reflexionar la explicación “oficiosa” (desafíos de guerreros donde eran sacrificados los perdedores, o los vencedores, o el capitán de los perdedores, o el capitán de los vencedores, o …. etc.) y cuya utilidad parece haber sido muy distinta. Los “juegos de pelota” están rodeados de imágenes de jaguares, siempre 8 de cada lado (representa la “fuerza animal” dentro de nosotros mismos que debemos poner bajo control). Los dos equipos tienen siete jugadores de cada lado, precisamente porque representan cada ego que debe transformarse en una “serpiente de luz”. Esto no es una afirmación gratuita: en Chichén Itrzá, en el llamado “templo del norte”, puede observarse una secuencia apasionante donde un guerrero es sumido en semi inconsciencia con un brebaje, se le simula su propia decapitación, ingresa al templo llevando “su cabeza” en sus manos, ofrenda la misma en un altar y termina siendo recibido por un gran maestro Quetzalcaan (no confundir con Quetzalcoatl) dando por finalizada su iniciación.

Es en la famosa pirámide de Chichén Itzá que se produce el famoso fenómeno de la “serpiente de luz”. En los solsticios, los turistas presentes pueden observar un juego de luces y sombras, cuando el Sol se va ocultando, que semeja la “serpiente de luz” ascendiendo por las escalinatas. Ello es de sobra conocido.

Lo que no es conocido es que, simultáneamente, si uno está ubicado en el templo de la parte superior, se observará una “serpiente de sombras” que hace el camino inverso.

La Gran Enseñanza: la “serpiente de luz” cuando asciende, crea hombres sabios. La “serpiente de sombra”, cuando desciende, pierde a la persona.

Tzompantli o “muro de cráneos”. Foto del autor.

Es de especial interés el Akab – Dzib, o “templo de la escritura oculta”. Porque aquí se anticipa siglos lo que hallaría en mis investigaciones en el centro zapoteca de Mitla, la “entrada al inframundo” en Oaxaca (y recordemos que los zapotecas fueron anteriores a los mexica –  toltecas, de donde éstos tomaron conocimiento. Permítaseme aquí señalar que está comprobado como en tiempos tardíos (aprox. 700 DC) los Toltecas estuvieron presentes en Chichen Itzá (por ejemplo, se sigue llamando “Tzompantli”, o “muro de los cráneos”, empleando un término absolutamente nahuatl para la edificación.

¿Y cuál era la función del Akab – Dzib aquí, Mitla allá? Sitios de retiro para la “muerte iniciática”. Se comprenderá mejor leyendo mi relevamiento en el lugar, oportunamente compartido titulado «Mitla: ¿Las puertas del Reino de la Muerte o del Universo Interior?.

Básicamente, se trata de espacios monásticos de introspección, donde se ritualizaba a través de enteógenos, ayuno y pruebas físicas pensadas para poner al individuo en estado de trance o “disrupción de la consciencia”. Al igual que en Chavín de Huantar, Perú, donde todo señala una verdadera “escuela de chamanes” ( ver «Chavín: escuela de chamanes») estos sitios estaban pensados como “centros iniciáticos” donde ni siquiera faltaba el Temazcal (en maya “zumpulcheé”, aunque hoy en día los descendientes de los mayas le dicen “chuj”) Chichén Itzá era la “capital espiritual” y, por lo tanto, centro de formación, de allí la exposición “pública” de esas enseñanzas, pues todo el sitio estaba concebido como espacio de aprendizaje y el mismo ocupaba todo el día, todos los días.

Para saber más sobre aspectos enigmáticos de los Mayas: «Reflexionando sobre algunos misterios mayas».

Imágenes: Páginas del Chilam Balam

Arriba: una edificación aún inexplorada. El autor en su cima.

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