“Che, OVNI”… ¡Rajá de acá!

En AFR Nº 123 presentamos dos aspectos del controvertido caso de teleportación protagonizado por un supuesto matrimonio de apellido Vidal, en la provincia de Buenos Aires. El primero de esos artículos, firmado por nuestro amigo Guillermo Giménez, reproducía una entrevista a Alejandro Agostinelli donde este último vuelca sus impresiones luego de conversar con el director y cineasta Aníbal Uset, y su certeza de que se habría tratado tal episodio sólo de un montaje promocional de una película a estrenarse dos meses después: «Che, OVNI». Ese artículo, además, era acompañado de un par de observaciones de Rubén Morales. Esto, por el lado de los escépticos.

El otro trabajo publicado en esa ocasión llevaba la firma de Carlos Ferguson, y reflejaba las observaciones del Lic. Ángel Díaz, ambos, en este caso, defensores tanto de la autenticidad del episodio como de la no correspondencia con esa película. Ustedes leyeron ambas posiciones1 y habrán sacado sus propias conclusiones. Pero hay una frutilla del postre que agregar.

De la lectura de ambos enjundiosos análisis surge una verdad como puñetazo; evidentemente, ni Guillermo, ni Alejandro, ni Rubén, ni Carlos, ni Ángel han visto el filme. Y algunos podrían decir que desde cualquiera de las lecturas una conclusión no podría ser definitiva sin -en aras de la exactitud investigativa- haber hecho eso.

Bueno, yo sí la he visto.

No, no me corresponde  gran mérito, no fue el resultado de una empolvada búsqueda por cinematecas de coleccionistas . Sólo una ¿casualidad?. Como nunca, el lunes 11 de octubre dejé de trabajar temprano (alrededor de las 23 :50) en mi computadora, me preparé un café y, mientras me disponía a dormir temprano, eché mano al control remoto del televisor. ¿Discovery Channel?. ¿National Geographic Channel?, ¿The History Channel?. Pero, ¿qué suponen ustedes?. ¿Qué soy un aburrido intelectual a tiempo completo?. No; lamento desilusionarlos: creí que había una película del inefable humorista Alberto Olmedo, y me equivoqué.

Poster de la película «Che Ovni» de 968.

Porque al sintonizar el canal porteño «Volver» (dedicado íntegramente a una retrospectiva de la añeja televisión argentina) una dislocada presentación me llamó la atención. Jorge Sobral, Erika Wallner, Javier Portales… «Esos me suenan… sólo falta que sea «Che, OVNI», pensé.

Y era «Che, OVNI», nomás.

Así que me quedé clavado frente al televisor porque, después de una polémica tan apasionante del tándem Giménez/Agostinelli versus Ferguson/Díaz, tenía que verla. Clavado y progresivamente dormido porque, debo admitirlo, la película es espantosa. Incoherente. Ni con la mejor intención «de culto» (y eso que no hago asco a las películas de Ed Wood), ni en el contexto «kitsch», y «hippie» de los «happenings» de fines de los ’60 puede digerirse. En fin, que la crítica hizo bien en destrozarla. Eso sí: impagable la interpretación de Jorge Sobral del tango «Mi Buenos Aires querido». Palabra de porteño.

Pero es claro que no la vi por afán cinéfilo sino ovnilógico. Y en este sentido me divertí un montón.

Porque querer relacionar el caso Vidal con semejante bodrio va más allá de cualquier estómago. Es tan improvisada y lamentable que quedan en claro dos cosas: (a) que en esos años en nuestro país sobraba dinero para producir cualquier cosa «artística»2 ; y (b) es perfectamente posible escribir, filmar y editar ese engendro en menos de un par de meses . Pero esto no es lo importante.

Lo importante es que la única relación entre el episodio y el filme es que en éste, como ya se dijo, una pareja es «secuestrada por un OVNI» en una ruta de Buenos Aires y aparece en las afueras de Madrid. Si el caso fue un «bulo» promocional , ¿por qué no hacerlo aparecer en Madrid en la versión periodística, o, en el filme, en México, como cuenta la especie?. Y aquí se acaba toda relación: no hay bruma que envuelva al auto, no hay marcas de quemaduras en éste… lo más importante: no es ni siquiera el mismo tipo de automóvil, algo sobre lo que Rubén Morales escribe: «Véase que ya en la imagen del afiche, la ilustración del auto se corresponde bien con un modelo Peugeot. Es muy probable que esa marca auspiciara el filme , ya que en el mismo aparecen Peugeots de manera reiterada, y es el vehículo que utilizan los protagoni stas principales.»

El auto del caso Vidal es un Peugeot 403. Como todos sabemos, cuando se facilitan rodados para un filme, los créditos son destacados. En «Che, OVNI», no sólo no aparece el agradecimiento a Peugeot, sino que el vehículo protagonista es un Peugeot 404. Es obvio que si el caso Vidal fue «construido» para promocionar la película , habrían usado esta marca (y si la firma patrocinante no hubiera querido, o si bastaba con fraguar el caso no siendo importante el vehículo, el razonamiento de Rubén vuelve a caer por su propio peso).3

Y si ustedes piensan que es apenas un «detalle menor» si es 403 o 404, debemos destacar que la apariencia de ambos es marcadamente distinta (el modelo 403 tiene la fuga del techo, el frente  y la parte trasera redondeados , mientras que el 404 se caracteriza por ángulos rectos, especialmente en la parte trasera donde adopta la forma conocida por los viejos mecánicos de «aletas de pescado».

El equívoco más grande es del propio Agostinelli, quien creyendo haber encontrado la clave de todo el fraude escribe (como si supiera de qué habla): «La película detalla que un cantor de tangos en plena noche, mientras hacía dedo, es recogido en un Peugeot 403 tal como el Caso Vida!, por una hermosa rubia.». ¡Error!. ¡NO es un Peugeot 403!. O la fuente de información de Alejandro fue Uset y con los años el pobre hombre padece amnesia senil, o el refutador periodista fue a otra fuente… evidentemente mal informada. Por carácter transitivo, ¿cómo aceptar entonces este andamiaje de desinformación?.


[1] Y si no, están a tiempo de hacerlo solicitando ese núnero de AFR.
[2] Mi padre solía contarme que en esos años los editores recorrían los bares «intelectuales» de Buenos Aires (La Paz, La Giralda, La Ópera, el Tortoni) a la búsqueda de escritores a quienes publicarles. Todavía sigo resentido con mis progenitores por no habenne parido, digamos, unos quince años antes.
[3] Todo esto sin entrar en detalles como que los escépticos parecen  tener más de 1ma  verdad al mismo tiempo para explicar el caso: mientras Agostinelli insiste con «Che, OVNI» -él mismo admite que algo casi musitado entre dientes por Uset, a quien füe dificil entrevistar. en la entrevista de Giménez reconoce implícitamente que apenas cruzó unas palabra  quien por otra parte luego no parece estar muy seguro de si ellos inventaron el caso o «tomaron una versión que ya la gente comentaba «-füe Peter Rogerson en «N otes to a Revisionist, History of Abduclion (Par/ 4): Recovering thef orgotten records» (Magonia Nº 50, septiembre de 1994) quien informó que en la ciudad de Buenos Aires le confinnaron que el caso había sido toda una mentira para ocultar y así justificar los días de desaparición de la Sra. Vida!mientras estuvo internada en tm psiqui átrico. Así que si hay más de 1ma «verdad» para explicar este caso, entonces, ¿por qué no señalar que seguramente ambas son falsas?

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