Las “fechas esotéricas” y su impacto en la vida cotidiana

Entre las diversas herramientas con que trabaja el Esoterismo, tanto en el estudio filosófico como en su aplicación práctica (y recordemos aquella frase que gusto emplear: “la Magia es al Esoterismo lo que la Técnica es a la Ciencia”) no es menor el cuidado puesto en el aspecto astrológico, tanto por los significados específicos de ese conocimiento como por profundas razones simbólicas. Por cierto, desarrollar aquí este concepto demanda del lector tanto tener en claro qué es concretamente el Esoterismo así como comprender el Principio de Correspondencia y el del Mentalismo, que ponen de relevancia porqué la analogía simbólica es tan importante y evidente.

De casi todos es conocida la importancia de Equinoccios y Solsticios, importancia significativa porque como hitos astronómicos e inicio de estaciones climáticas (cuando menos en Occidente ya que en ciertas geografías, como la India, se reconocen seis estaciones); Belthane y Sanhaim, Walpurgis y Halloween son quizás meras curiosidades históricas y culturales pero, por cierto, muy anteriores al Cristianismo –que cono veremos impuso sus celebraciones propias sobre fechas arcaicas- y, claro y en cuanto a la última, a la festividad mercantil en que se ha transformado.

Y abundar en esta sabiduría se hace aún más interesante en cuanto permite comprender el “porqué” del valor de ciertos símbolos como herramientas espirituales. Para ello nada mejor que comenzar con el Pentáculo Cósmico.

El Pentáculo Cósmico

El Esoterismo consideraba como “fechas espirituales” al 21 de marzo, 30 de abril, 24 de junio, 31 de octubre y 24 de diciembre. Veámoslas:

21 de marzo: Equinoccio, claro. Pero tiene un significado mucho más poderoso. Si el “año” es una vuelta de la Tierra en torno al Sol, dado que un círculo no tiene principio ni fin, decir que el año comienza un 1 de enero es apenas una convención. Cuando el papa Gregorio decidió reemplazar el deficiente calendario “Juliano” (de tiempos de Julio César) por aquél que ordenó calcular a sus sabios, supuestamente más exacto (aunque con el tiempo se descubrió que tenía severas fallas, entre las cuales, aquella que nos obliga a agregar un día cada cuatro años) y que por si idea se llamaría desde entonces “Gregoriano”, se decidió -amén que en la conversión debieron “perderse” tres años para ajustar los números- que el siguiente 1 de enero comenzaría a usarse oficialmente. Era pocos días después de Natividad, pocos antes de Epifanía, tres luego del Día de los Inocentes…. A la Iglesia le resultaba muy funcional reunir en un período de tres semanas un conjunto de celebraciones para ordenar sus huestes.

Ese primero de enero, entonces, es una convención social, una costumbre. No hay ninguna razón astronómica ni histórica para que se adoptara. De hecho y como escribí, siendo el año un círculo, no hay principio. Y si tuviera que adoptarse uno, éste debería tener un justificativo astronómico. Y lo hay: cuando la órbita de la Tierra intersecciona el plano zodiacal, dando comienzo a un nuevo giro de signos zodiacales (siempre debe recordarse que “signos zodiacales” y “constelaciones zodiacales”, aunque lleven los mismos nombres, no son sinónimos. Las “constelaciones” son agrupaciones arbitrarias de estrellas supuestas sobre un mismo plano, que en ciertas épocas del año se ubican en el cenit. Y signos zodiacales son espacios vacíos de 30° a ambos lados del eje de la eclíptica. Que se llamen igual responde a que, miles de años atrás, en el nacimiento de la Astrología, coincidían unos con otros, y luego persistió la costumbre de seguir denominándolos así).

Entonces, como escribía, si hay que tomar un día como “comienzo”, ése es el 21 de marzo (a veces el 20, otros años el 22, pero se adopta el 21 por ser mayoritariamente éste y por haber creado la “condición egregórica” (ver Egrégoro). Éste es el verdadero, simbólico, esotérico comienzo de año. Y volveré luego sobre él.

24 de junio: El 21 de junio (a veces el 22) ocurre el Solsticio de junio. Pero esotéricamente los Solsticios son verdaderos “portales” que comienzan ese día, el 21, y se extienden aproximadamente hasta avanzado el 25. Por esa razón, dado que los maestros de la Antigüedad señalaban que los primeros días eran demasiado “fuertes” y trabajar espiritualmente en ellos podía tener “sacudones”, era preferible esperar hasta el momento en que se atenuaran: el 24. Y es el 24 de junio cuando la Iglesia impone su celebración de San Juan Bautista, con ese “salto” sobre el fuego, con esa vigilia esperando el amanecer, prácticas absolutamente “paganas” (que, después de todo etimológicamente significa “del campo”) preservadas a la sombra del Cristianismo.

31 de octubre: Ya saben; Halloween. Y con el mismo significado arcano que Walpurgis. Observen que se encuentra a un semestre de la misma. Y esto significa exactamente del otro lado de la órbita alrededor del Sol, es decir, en su Antípoda. Acotación: en Esoterismo siempre se ha sostenido que las antípodas replican la naturaleza sutil (energética) del punto geográfico del que lo hace.

24 de diciembre: Solsticio, claro. Y mucho más reconocido, seguramente, por la Navidad. Pero sobre esto debemos contar una historia interesante.

Allá por el año 223 DC era Papa de la iglesia cristiana Urbano I. Recordemos que aún faltaba más de un siglo para que Constantino liberara de la clandestinidad a los cristianos y, por lo tanto, sus celebraciones y reuniones seguían ocurriendo a la sombra de los bosques, las catacumbas y otros lugares. Es en ese entonces cuando Urbano tiene una idea que sólo podemos considerar genial. Los romanos celebraban, desde lo que hoy corresponde al 21 de diciembre al 25, la fiesta del Sol Invictus. En ese –nuevamente- verdadero “portal de solsticio”, se invertía el orden social. Los amos servían a sus esclavos, se podía insultar libremente al Emperador y los cultores de religiones proscritas, claro, podía predicar libremente. Ese período, a partir del año 1200, se pospone a una nueva celebración: las Carnestolendas (o Carnaval), en que la gente podía liberar sus excesos pues pronto, obvio, llegaba Semana Santa, así que era cuestión de descomprimir el humor social.

Pero, diez siglos antes, ese “tapón” se liberaba en la fiesta del Sol Invicto. En consecuencia, los cristianos estaban libres, en ese período de cinco días, de manifestarse públicamente. Es cuando Urbano, como método proselitista, ordena que la principal celebración de los mismos (el nacimiento de su Mesías, que hasta entonces se recordaba en diferentes fechas según las regiones) fuera teatralizado en público la noche previa al último día: el 24 de diciembre.

Existen fuertes evidencias que el Jesús histórico no nació en esa fecha. Parece haberlo hecho alrededor de principios de agosto, y aún más, entre cuatro y cinco años antes del que habitualmente tomamos como el mismo (y comienzo de nuestra cuenta anual). Las razones son numerosas, y sólo citaré dos: la descripción evangélica de la vigilia del nacimiento, donde los pastores aguardan con sus animales fuera de la cueva – pesebre y cuando José los invita a acompañarles en el interior le responden que “están cómodos allí” (en diciembre en Palestina, hace un frío de órdago, y sólo fines de julio y parte de agosto tiene noches serenas que permiten ese pasar). La segunda es una cuenta cronológica basada en el texto bíblico, donde se detalla la licencia que el padre de Juan el Bautista (que sabemos fue primo de Jesús) toma de sus tareas en el Templo por estar por nacer su hijo. Y se aclara que cuatro meses después nace Jesús. Como el reemplazo de Zacarías, padre de Juan, figura en registros hebreos de época, sabemos perfectamente cuando fue: en abril. Y cuatro meses después, nacimiento de Jesús, es agosto.

Así que Urbano decide adoptar la fecha del 24 de diciembre para que sus feligreses representen públicamente el advenimiento del Mesías (lo que emocionalmente es mucho más atractivo para hacer conscripción de fieles que largos discursos filosóficos). Pero había un problema: aunque la guardia pretoriana no pudiera tocarles un cabello, quedaban expuestos –recuerden que estaban prohibidos- y cabía la persecución apenas finalizaran los festejos. Es cuando Urbano decide que los actores cristianos cubran sus cabezas con grandes máscaras de papel y cartón representando animales: aumentaba la reverberación de las voces, las deformaba para evitar su identificación y enmascaraba sus identidades. Ahí nacen los “animalitos” del pesebre que con ternura casi infantil imitan los devotos al pie de sus arbolitos navideños (el cual, por otra parte, es absolutamente pagano). Tan poco histórico es esto de los animalitos supuestamente presentes en el nacimiento, como el “caganer” catalán (para mis amigos catalanes, a fuerza de cotidiano, no llamará la atención, pero puedo asegurarles que deja sorprendidos a muchos en todo el mundo, y, claro, no puedo yo mismo evitar la ocasión de recordarlo). Algunos suponen que es una crítica a la Iglesia. Otros, que como las heces fertilizan el suelo, es una tradición supérstite pagana de considerar al solsticio como propiciatorio de la fecundidad.

Luego, llegaría Constantino y el Cristianismo oficializado. Pero la tradición de dejarlo el 24 de diciembre persistiría. Y, Esotéricamente, nos agregaría otra fuente de poder: “el egrégoro de Navidad”.

Tenemos así cinco fechas en el año. Y si un año es un círculo hipotético alrededor del Sol, cinco fechas serán cinco puntos sobre la circunferencia (gráfico de la derecha).

Sé perfectamente que la órbita no es un círculo perfecto (más bien, una elipse deformada) y que cinco fechas no son puntos tan equidistantes. Pero debe entenderse que lo que prima aquí es lo que señalé al comienzo de la nota: la correspondencia simbólica. Después de todo, en Esoterismo el manejo de los símbolos es Poder. En ese sentido, las líneas que unen las fechas encierran otra enseñanza esotérica: el régimen de prácticas ceremoniales, que deben continuar no en la fecha inmediata siguiente (error de novato que confunde y desalienta a quienes no están preparados para el Camino) sino en la vinculada por la recta, cumpliendo un ciclo ceremonial de dos años. Éste es el Pentáculo Cósmico.

Y enseña la importancia del uso de todo pentáculo de manera ritual, ya que, embebidos en la certeza de la inexorabilidad de la Ley de Correspondencia, donde lo Macrocósmico se replica en lo Microcósmico, donde la parte del Todo replica al Todo, el uso en el universo personal de un pentáculo con clara consciencia de su significado, representa la correspondencia, en tanto vínculo, con el universo (si se me permite la redundancia) universal.

Aún más. Desde siempre sabemos que esotéricamente, históricamente también, el Lucero del Alba, Venus, es considerado el símbolo de la Espiritualidad más excelsa. Quetzalcoatl, Isis y otros avatares han sido identificados con Venus. Pues bien, Venus tiene cinco máximos acercamientos a la Tierra en el año:

Nuevamente un pentáculo

Recordarán ustedes la importancia que dimos al 21 de marzo. Yo le considero, de todas, la fecha más significativa. ¿Por qué?. Porque convencido como estoy de la fuerza de la Ley de Correspondencia (que es, arcanamente, lo que en tiempos modernos se ha popularizado como la “ley de Atracción”), el día primero de un año esotérico es la parte del Todo que refleja el Todo. En otras palabras: como se viva ese día determinará cómo resulte el año. Recordemos el principio astrológico que permite realiza runa Carta Natal a partir del “momento” del nacimiento, pues esa “foto” de la disposición estelar codifica la naturaleza del sujeto para toda su vida, y la razón, como he explicado abundantemente , que subyace detrás del “funcionamiento” de lo astrológico: puro Principio de Correspondencia, no donde uno “causa” el otro, sino donde se acompañan “correspondientemente” en lo microcósmico y lo macrocósmico. Entonces, ese primer día del año es el que debe ser festejado, sí, pero también vivido como desean ustedes que sea ese año. Festejen con la familia el 31 de diciembre si desean; pero no olviden darle “poder” al 21 de marzo.

Pero aún hay otra fecha que considero poderosísima: nuestro propio cumpleaños. Sé que muchos de ustedes dirán que “es un día más”, siéndoles indiferente festejarlo o como lo pasan, pero piensen en esto: para cada uno de nosotros, nuestro verdadero “comienzo de año” es el día de cumpleaños, pues para cuando nacimos, nuestra primera revolución en torno al Sol la cumplimos pasados 365 desde el nacimiento, y así sucesivamente. A título individual, entonces, esa “parte del Todo que refleja el Todo”, ese momento microcósmico que replicará macrocósmicamente en los 364 días siguientes, es el día del cumpleaños de cada uno de nosotros. Lo que yo hago, lo que sugiero, es: vívanlo como desean que sea el año. Quienes quieran tomarse el día libre y descansar háganlo, pero a sabiendas que eso decretará un año rutinario, tranquilo, sin grandes movimientos. Si desean generar dividendos en ese año, pues trabajen, busquen cobrar deudas o cuentas, produzcan. Siempre, sueñen y fantaseen ese día, para cristalizar en los planos sutiles lo que buscará la circunstancia densa para materializarse. Reúnanse con sus seres queridos si quieren un año pleno de presencia amorosa (es lo que hacemos cuando realizamos nuestra fiesta de cumpleaños, ¿verdad?). Reciban regalos, pero que sus personas de confianza entiendan la importancia de entregarlos el mismo día, no antes ni después, porque siempre serán bienvenidos y agradecidos, por cierto, pero perderán esa “constante mágica” que significa recibirlos el día mismo (¿acaso no los llamamos “presente”?). Hagan su consulta de Tarot, hagan su ritual mágico, si son afectos a ello.

Gratifíquense y homenajéense. En lo personal, con mi esposa –cuyo cumpleaños está muy cerca del mío) buscamos que nos encuentre de viaje: traten –si quieren mover las fuerzas cósmicas que faciliten el viajar- que el “momento” del cumpleaños (ni siquiera es el día, sino simplemente la hora) los encuentre a no menos de 50 kilómetros de su domicilio habitual (lo que representa 1° en arco astronómico). Por sobre todo, comprendan que –están en su derecho- consideran a ese día “uno más”, no debe extrañarles que el paso de los años muestre a sus vidas rutinarias, grises y monótonas.

Esto a sido apenas una nota introductoria en los conocimientos prácticos del antiguo Esoterismo; cómo podemos hacer “magia”, claro que sí, sin necesidad de velas, occultum, túnicas ni grimorios, sólo aplicando criterios conscientes al uso de las fechas. Insto a mis lectores no solamente a profundizar en este Conocimiento sino a comenzar poniendo en práctica estos consejos, para así apreciar la riqueza que la filosofía esotérica puede aportar a nuestra vida cotidiana.

2 comentarios de “Las “fechas esotéricas” y su impacto en la vida cotidiana

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