Una mentira más sobre la antigüedad del ser humano en América

Para comprender en detalle y profundidad como el sistema construye esa “Matrix” (la figura es útil) de lo que tomamos por realidad, debe comenzarse por entender que la Realidad que aceptamos hoy debe estar construida sobre una estructura llamado “Pasado” creíble y funcional. Y si esa estructura no lo es, debe manipularse.

Así, mentir y ocultar los hechos “reales” –en contra de lo que generalmente se cree- no pasa por manipular las grandes circunstancias históricas solamente, sino por un delicado, constante y opaco trabajo cotidiano de “disfrazar hacia atrás”, enmascarando las “circunstancias malditas” que, extrapoladas al Presente, develarían “otra” Realidad. La Ingeniería Social de la manipulación es un trabajo de reemplazo de pequeños engranajes que movilizan el actual Paradigma, no solamente de retoques de chapa y pintura de esa gran maquinaria.

Es por esta razón que este pequeño ejemplo, localista e “intrascendente” toma para mí relevancia, porque, en su sencillez, pone de manifiesto el proceso. Se trata de, ante la imposibilidad fáctica de hacer desaparecer la evidencia, confundir y borrar el recuerdo del verdadero significado de la misma.

Todos sabemos que el tema de la antigüedad del ser humano en América no solamente es de los más controvertidos –al margen del academicismo imperante- sino de los más controversiales (que no es lo mismo), ya que de resultar ciertas cualesquiera de las “hipótesis alternativas” (originario de América misma y en el Terciario, como proponía Florentino Ameghino, migrando no por el estrecho de Bering sino a través de una Antártida sin hielos y habitable, lo que retrotraería la epopeya decenas de miles de años) por carácter transitivo cambia la Historia de buena parte de la civilización toda y, con ello, arrastra a perspectivas y ópticas culturales que condicionan nuestra percepción del mundo. Es la razón por la que un tema tan importante encuentra doble dificultad: la obtención de evidencias en sí, y el esfuerzo en evitar que las mismas desaparezcan o sea “mediáticamente” borradas.

Una de las huellas de Pehuén Co

En la provincia de Buenos Aires, Argentina, existe una pequeña localidad balnearia llamada Pehuén Co. Hace no tantos años atrás se descubrió, junto al mar, una explanada rocosa donde habían quedado fosilizadas huellas de mamíferos hoy extinguidos y seres humanos, seguramente primitivos, lugar conocido con el sencillo nombre de “Las Patas”. Dado que los americanos ancestrales convivieron con muchos de esos mamíferos (megaterios, toxodones, gliptodontes, mastodontes) hasta épocas relativamente recientes ( 8.000 años atrás según textos “oficiales”), hasta aquí no habría mayor problema.

El conflicto surgiò cuando hubo que “conciliar” las dataciones con la Historia Oficial: En el año 2009, el reconocido paleontólogo estadounidense Niles Eldredge, curador del American Museum of Natural History de New York, y el Instituto de Geocronología y Geología Isotópica de la Universidad de Buenos Aires (es decir, una autoridad científica extranjera y otra local, que contrachequea los análisis) determinaron que la antigüedad d elas mismas era de … 29.000 años. (Referencia: http://www.lacapitalmdp.com/noticias/La-Ciudad/2009/01/12/96056.htm  )Pequeño gran problema: la “historia oficial” remonta la presencia humana en este continente, en el mejor de los casos, a unos 16.000 años. Por cierto no parece una diferencia tan exagerada y hasta disculpable (por ejemplo, es válido el argumento que dice que, si el ser humano ingreso por Bering y hacia 14.000 años ya estaba en regiones australes, pues ese ingreso debe haber comenzado un tiempo considerable antes, aunque otros autores señalan que si de nómades cazadores se trata, quizás en pocos centenares de años habrían recorrido de Norte a Sur todo el continente americano).

Las dataciones «oficiales» sobre la presencia humana en América

El asunto es que retrotraer la fecha en las otras teorías se basa en interpretaciones de las evidencias, pero en el caso de “Las Patas”, la evidencia era la propia datación. Parece una cuestión menor, pero no lo es: habilitar la aceptación de fechas que comienzan a ser tan remotas brindaría la oportunidad “revisionista” de preguntarse si otras teorías, aún más extremas –como que fijan presencia humana en Brasil… ¡300.000 años atrás!- no serían igualmente ciertas. Y la  apertura de este dique arrasaría con el paradigma histórico (y el prestigio) instalado por tantos académicos.

Entronces, ¿qué ocurre?. Que –cuanto menos en ámbitos públicos- de esa datación no vuelve a hablarse nunca más y desde entonces se impone una cifra “discrecional”: 7.000 años de antigüedad (por ejemplo, http://www.opds.gba.gov.ar/anp/reserva_geol%C3%B3gica_paleontol%C3%B3gica_y_arqueol%C3%B3gica_pehuen_c%C3%B3_monte_hermoso ). Así, resulta una datación “normal”.

Pero toda mentira tiene grietas.

Además de no refutarse en términos claros aquella datación original –y con las credenciales que las avalan- se ha planteado una contradicción que nadie parece haber observado: las mismas fuentes que le acreditan 7.000 años (cuando ya estaban extinguidos la mayoría de los mamíferos mencionados) dicen que los rastros de éstos, los mamíferos, tienen (entre 10 y 14.000 años). Es decir y entonces, el doble de las huellas humanas. Ahora bien; si el limo donde esos animales dejaron sus huellas tuvo que calcificarse, fosilizarse para que se preservaran, y en ese mismo lugar entre 3.000 y 7.000 años después caminaron humanos que dejaron sus improntas… ¿qué ocurrió?. El limo no pudo permanecer milenios en ese estado pues obviamente los agentes naturales hubieran borrado esas huellas. Y, mucho menos, “fosilizarse” por unos milenios y “desfosilizarse” a continuación para volver a “fosilizarse” luego (un proceso, además, fisicoquímicamente imposible). En consecuencia, impresiones de animales y humanos tuvieron que ser contemporáneos. Alguien dirá que si se tratara de 14.000 años caería dentro del “rango oficialmente aceptado”. Es verdad. Entonces, ¿porqué no decirlo, simplemente?.

Creo que porque se cubrió con rapidez la datación primigenia, por conflictiva, “arrojándose” una cifra aceptable pero sin considerar las contradicciones que, de hecho, surgen cuando se cruza información entre los reportes –por ejemplo, los informativos con fines educacionales, no siempre cuidadosos de chequear sus fuentes- paleontológicos por un lado y antropológicos por otro.

Apenas una anécdota, dirá alguien. Es posible. Pero son las anécdotas lo que mejor recordamos a la hora de reflexionar.

4 comentarios de “Una mentira más sobre la antigüedad del ser humano en América

  1. plutarcazo de babylonia dice:

    Son esos «pequeños detalles» que los obligan a reescribir toda la historia. Ellos lo saben, es obvio.

    Nada más que agregar. Gracias por compartir.

  2. plutarcazo de babylonia dice:

    … y respecto a las construcciones esas que desafían la historia oficial… supongo que habrás leído algo sobre las Estructuras de Yonaguni. Terribles edificaciones que ahora están bajo el agua. Anda a saber qué otros misterios hay sumergidos. Los océanos son otro mundo.

  3. Ignacio dice:

    Para variar me pregunto, tendrá algo que ver la ,antroposofia la parapsicología, el ocultismo, esoterismo, el exoterismo y la.ciencia en general? Si… A eso se está llegando pero quienes tienen el control. Son los denominados «iluminatis», así que te los vas a encontrar si estás en el camino de la verdad y la sabiduría y el bien por supuesto…

  4. josep bello pla dice:

    Hay una cronología oficialmente aceptada que forma el esqueleto de la historia. Cualquier descubrimiento que no se ajuste a esta cronología es falso, y punto. Y cualquier datación, por ejemplo con carbono 14, que no cuadre con esta cronología, es porque «estaba contaminada» y hay que rechazarla. Leí sobre unas «dataciones» que seguro que te interesarán, lástima de mi mala memoria, y lo leí mucho antes de que tuviéramos Internet:
    En Europa muchos reyes y otros personajes conocidos tenían astrólogos, y quedan documentos con sus cálculos, de los que se puede deducir la posición de las estrellas y planetas en su nacimiento, batallas, etc. También conservaban los «datos astrológicos» de la fundación de ciudades, sólo recuerdo que contaba algo de la de Toulouse. Pues bien, decía el autor que esta astrología bien documentada debería ser una herramienta para revisar y corregir la cronología de la historia, que tiene muchos errores garrafales. Pero antes que tocar este «arbol sagrado», prefieren rechazar en bloque las dataciones astronómicas de los astrologos, «porque la astrología es una falsa ciencia».
    Ahora hay unos matemáticos rusos que denuncian la cronología aceptada. Lo hacen con investigaciones y pruebas puramente matemáticas, y dicen que gran parte de los documentos con fechas que no se correspondían con las oficiales, habían sido, simplemente, falsificados para que cuadraran.

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