Radiaciones telúricas nocivas: Líneas Hartmann, Curry y Cathie

Si bien no se trata de aquello que parapsicólogos y terapeutas informan a sus consultantes como posible causa “sutil” (en el sentido de “no físico” que atraviesa la existencia propia de estas disciplinas) , su frecuencia (y contundencia de efectos) pone de relevancia cuánto necesitan las Disciplinas Alternativas y las Terapias Holísticas una actualización y mayor profesionalización, quizás un tanto alejada de satisfacer las expectativas de quien acude con los lugares comunes de los “maleficios”, “brujerías” y “entidades negativas”.

Una vez más, no estoy escribiendo que tales no existen; sólo que debemos ser sensatos y prudentes al siquiera considerar (siempre de acuerdo a la naturaleza de los síntomas) la posibilidad que los problemas de nuestros “pacientes” nazcan de allí. Reclamo aquí la atención de los interesados, pero muy especialmente de mis colegas, sobre la importancia de considerar la acción, en ocasiones perniciosa, de las influencias telúricas.

Sin embargo, aunque resulte quizás una perogrullada, debemos insistir que también tales influencias tienen una contraparte positiva, y así como existen puntos “geopatógenos” existen puntos “geoestimulantes”; que de ello escribiremos hoy aquí.

A caballo entre la Radiestesia y la Geobiología, ambas ramas de la Parapsicología, el concepto de “redes Hartmann” se debe al doctor Ernst Hartmann, médico alemán nacido en 1925 y fallecido en 1992, quien estudiando la relación entre el potencial eléctrico de un lugar físico y las patologías sufridas por personas viviendo en ese lugar, concluyó en la enunciación de esta teoría.

La misma sostiene que toda la superficie del planeta está recorrida por una cuadrícula norte – sur y este – oeste, de líneas de unos 25 centímetros de ancho, separadas entre sí en una progresión de 2 metros, 2,5 a 3 metros, y 6 metros (progresión que se repite). El concepto sostiene que no existe punto en el planeta donde esta cuadrícula no exista, aunque puede sufrir “desvíos” (ya veremos las circunstancias, y que explica que entre la primera y segunda línea de la progresión pueda haber 2,5 metros o 3 metros. Queda claro que ese distanciamos -2; 3; 6- se cuenta a partir de la franja inmediatamente colindante). La consecuencia inevitable de esta proyección es que el lugar en que vivimos, aquél en el que trabajamos, etc., también está recorrido, subterráneamente, por esta Red. Y esto no provocaría más que un encogimiento de hombros del lector si no fuera porque es más que un concepto teórico; la naturaleza de lo que coincida con dicha Red (específicamente, con los “cruces” de dos cualesquiera de esas bandas) se proyectará verticalmente como un “haz” de energías profundamente perturbador y patógeno para quienes vivan en su superficie. De hecho, las líneas tienen una proyección vertical, pero esta es inocua; el problema se presenta cuando se cruza con otra y este cruce, repito, coincide con un punto energéticamente negativo.

¿A qué me refiero cuando hablo de tales “negatividades”?. Fundamentalmente, perturbaciones fisiológicas que, de sostenerse en el tiempo, devienen en enfermedades físicas, estadísticamente mayoritarias de dos tipos: cáncer (de tipo variado) y Alzheimer. Aquí es el momento de comentar el enorme aporte que ha hecho la Radiestesia en este sentido, al permitir determinar los “puntos geopatógenos” y proceder en consecuencia para minimizar su efecto.

La forma de trabajar es sencilla y sólo requiere práctica. Se trata de “barrer” la zona a considerar (supongamos, una vivienda) con varillas “Dualrods” (o varillas radiestésicas), ese par de instrumentos, sea de madera o metal no magnetizable, doblados en ángulos rectos, que se empuñan por su parte más corta cuidando que el resto quede paralelo al suelo y con “movimiento libre”. Así, con los codos pegados al cuerpo y los extremos de las varillas levemente inclinadas hacia adelante y algo próximas entre sí (para que el movimiento provocado por cualquier fuerza exterior no se deba a la propia inestabilidad del caminar, sino deba vencer cierta resistencia de la ley de gravedad), recorriéndose el lugar en caminar “bustrofédico” (esto es, imitando el andar de un buey arando el terreno, que es lo que significa la palabreja: avanzando en una dirección, regresando al girar en la contraria y repitiéndolo las veces que sea necesario), enfocados en la pregunta de detectar una perturbación (aquí es obvio que la persona, además de tener buena práctica radiestésica previa tanto con péndulos como otros elementos, debe alcanzar el estado de “Convención Mental”, es decir, de abstracción de la proyección de cualquier intención, deseo o temor). Si bien los instrumentos radiestésicos no reaccionan de la misma exacta manera en todos los operadores, en una generalización aproximada podemos decir que los dos movimientos básicos (apertura violenta y marcada de los extremos de las varillas, o entrecruzamiento igualmente marcado de las mismas) suelen señalar dos tipos de respuestas: en el primer caso, que en el lugar hay un “anclaje” de entidades o energías inarmónicas -concepto sobre el que no me extenderé aquí pues pertenece a otras áreas de aprendizaje parapsicológicas) o bien, para el segundo, el comienzo de un “área geopatógena” cuyo término se manifestará por el retorno de las varillas a la posición inicial.

Me detengo en este segundo punto. Como escribí, siempre habrá, inevitablemente, cruces de líneas Hartmann de aproximadamente 25 por 25 centímetros (se observará que al cruzar sobre las mismas las varillas responden tendiendo a separarse). Sin embargo, encontraremos situaciones donde esa apertura se sostendrá a veces durante un área mayor, que puede ser de más centímetros (digamos, 40 x 40, por ejemplo) o perdurar, volviendo a cerrarse metros, o a veces decenas de metros más allá. Aquí debemos compartir como explica la Parapsicología esta situación.

Dijimos que el cruce de líneas Hartmann (ese espacio de 25 por 25 centímetros aprox.) no es de por sí generalmente peligroso: lo que lo hace peligroso es si se sitúa sobre un elemento o punto que presenta una energía “negativa”. Ejemplos:

  • Cruces de napas de agua a distintas profundidades. Supongamos que a veinte metros bajo el suelo corre, de oeste a este, una corriente o napa de agua de unos dos metros de ancho, y que a sesenta metros de profundidad lo hace otra, hipotéticamente de noreste a sudoeste, de cuatro metros de ancho. En la imaginaria proyección vertical y bidimensional del cruce de ambas, entonces, tendremos un paralelepípedo de unos dos por cuatro metros que, como una columna vertical, “barrerá” la superficie (y en teoría, se elevará hasta la ionósfera, si bien en sentido práctico se puede acusar su efecto perjudicial hasta una cincuentena de metros de altura).
  • Depósitos de metales abandonados (como cuando se rellenan terrenos sobre los que se edifica luego con desechos de todo tipo, y en ocasiones entre ese material de relleno van estructuras metálicas, restos abandonados de vehículos, electrodomésticos, etc).
  • Concentraciones de huesos (no necesariamente humanos, si es que ustedes están pensando en un cementerio abandonado y olvidado, pero sí, ése también puede ser el caso).
  • Cavidades naturales (cuevas).

Pero también el origen puede producirse a la inversa: la vertical de torres de media y alta tensión, por ejemplo, si bajo ellas se encuentran cruces de líneas Hartmann.

Lo que ocurre en todos estos casos es que el cruce de líneas actúa como un “amplificador” que hace correr por las mismas líneas, en las cuatro direcciones, el efecto desarmonizador hasta una distancia aproximada a la que hay entre el cruce y el foco que origina la perturbación. Así, los cuatro extremos delimitados, tomados como un rombo, proyectan en la superficie un área -que no será ya entonces exactamente romboidal pues irá mostrando una “deformación” en su periferias- altamente perjudicial, quizás con la única “ventaja” que el emerger de ese área es muy consistente y coherente proyectándose en forma vertical sin mayor dispersión lateral desde el punto de emergencia. Esta área, entonces, desequilibrará energéticamente todo campo bioplasmático biológico que permanezca en su interior, Mostrándose esto en la naturaleza humana, por acumulación y persistencia, como enfermedades tales como las comentadas. Quede claro que el efecto no es “instantáneo”, sino que requiere cuando menos meses, sino años, de exposición a la misma, pero para el caso de afectar una vivienda o lugar de trabajo es posible que sea inevitable.

Para evitar un exceso de celo, señalemos que si el área perturbada es estrecha (imaginémosla de sólo unos 40 x 40 centímetro sólo a título de modelo) será problemático si su vertical coincide, por caso, con la cama en que dormimos. Si lo hace con un punto “de tránsito” -un pasillo que lleva a otras habitaciones- dado que cruzamos sobre él, por más que lo hagamos varias veces en el día, pero sólo con un segundo o dos de exposición en cada uno, no existe tal acumulación y por lo tanto no existe tal peligro.

Debemos señalar también que existen otros síntomas emergentes de la presencia de tales puntos patógenos:

  • Árboles severamente deformados, con cambios bruscos en la dirección del crecimiento de sus ramas y exentos de enfermedades botánicas, cuando a su alrededor los otros árboles crecen sin problemas.
  • Nidos de avispas (no abejas), hormigueros, gusanos, de conducta hiperactiva independientemente de cambios estacionales.
  • Plantas marchitas que en muchos casos, al ser cambiadas de lugar, reviven.

Hay que recordar que la actividad parapsicológica en orden a asistir a sus consultantes hace especial hincapié en estos focos, llamándoles -dijimos- Radiaciones Telúricas Nocivas. Sin embargo, existen puntos donde esos cruces potencian positivamente, y es cuando coinciden o se superponen a las “líneas Cathie” (que describo más adelante), a cruces de “líneas Curry” o lugares telúricos saludables, especialmente aquellos donde se conjugan los cuatro elementos de la naturaleza. Los chinos conocieron bien este fenómeno y lo aprovecharon en su Feng Shui, como una forma de ubicar las edificaciones que debían verse favorecidas por la energía del lugar, haciéndoles coincidir con puntos específicos de lo que llamaban “las Venas del Dragón” (nuestras líneas de energía telúrica). Sitios ceremoniales ancestrales de las más diversas culturas también aprovechaban estas características.

Todo un tema aparte (como hemos considerado en este artículo Estancia «La Aurora»: 25 años después, ovnis y el milagro del Padre Pío) es el hecho de sabidurías ocultas que han aprendido a manipular a voluntad, desviando a sus efectos, las líneas Hartmann, distorsionando verdaderamente la cuadrícula mundial de ella en puntos específicos.

Las líneas Curry

Las líneas Curry llevan el nombre del Dr. Curry, un médico nacionalizado norteamericano nacido en Munich en 1899, en honor a su publicación en el año 1952. No obstante, fue descubierta por Siegfried Wittmann en 1950.

La red Curry es una cuadrícula diagonal a la red Hartmann. Son unas rectas con orientación noreste-suroeste y noroeste-sureste con una separación entre una línea y la siguiente de entre 4 y 16 metros. La intensidad de sus radiaciones se incrementa en los puntos donde se cruzan sus dos orientaciones.

Su intensidad se ve influenciada por el ciclo solar, incrementándose durante la noche. En este sentido, las principales afectaciones a la salud pueden producirse por la noche durante el sueño, habitualmente en forma de insomnio, para las personas que descansan en la vertical de los cruces Curry. Igualmente, su intensidad también se incrementa en las noches de luna llena.

A diferencia de las líneas Hartmann, se cree que las líneas Curry tiene su origen en influencias cósmicas, y no de la radiación del interior de la Tierra. El interés para lo parapsicológico, es que una concurrencia de cruce Curry con cruce Hartmann en consonancia con un foco de radiación patógena multiplica exponencialmente su negatividad.

Líneas Cathie

Bruce Cathie (neocelandés, 1930 – 2013) fue un piloto comercial y escritor que definió el concepto que lleva su nombre, a partir del desarrollo de lo que él llamó “matemáticas armónicas”. Las mismas permitían establecer un patrón de cuadrícula sobre la Tierra -ajena a las redes Hartmann y las líneas Curry- y que serían la manifestación en el espacio euclidiano que vivimos de una “torsión” de vectores energéticos de otros planos dimensionales. Tras su fallecimiento no se ha profundizado suficientemente su estudio, lo que es una lástima pues quizás encierre, de comprobarse en detalle, la clave predictiva de apertura de “portales dimensionales” en nuestro espacio.

Cathie sostuvo también que las explosiones nucleares no podían producirse libremente a elección de quienes las manejan, sino que el proceso atómico requería de coordenadas energéticas, es decir, sólo podía ocurrir en puntos de la “red Cathie” concretos, lo que explicaría, por ejemplo, que a nivel global hasta ahora hayan sido un elemento disuasorio pero no de uso concreto (las realizadas, según él, coinciden necesariamente con “cruces Cathie”), lo que redundó en que no se haya empleado nunca en guerras -excepto Hiroshima y Nagasaki- y que ese conocimiento se oculta de la humanidad pues de publicarse los gobiernos perderían confianza, autoridad y credibilidad. Aún más; Cathie afirmaba que los OVNIs no sólo se materializaban en este planeta en “cruces Cathie” sino que inevitablemente, por su propia naturaleza, para desplazarse sobre la superficie debían seguir “rutas” ya preestablecidas por las “líneas Cathie”.

Neutralizaciones

La neutralización de los puntos geopatógenos en tema relevante en nuestro curso de Parapsicología, pero aquí y sólo a título informativo, recordemos que entre los recursos existen el Biogenerador Psicotrónico, los “solenoides” (integrales y de pared), el “Gran Sellado”, recursos del Feng Shui, Gemoterapia, Cromoterapia, etc.

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