LA EXTRAÑA TUMBA DE UN ASESINO DE CÁTAROS: LA MARCA DE LA DIOSA

Fue el brazo ejecutor de un rey y un papa asustados del crecimiento de un cristianismo demasiado fiel a las enseñanzas origtinales de Jesús. Simón de Montfort arrasó pueblos, exterminò decenas de miles de albigenses o simples simpatizantes de los mismos.

 ¿Quiénes eran los Cátaros?

 Cuando uno (yo, ustedes) crece en un determinado ámbito cultural, puede tener la errónea percepción que ciertas situaciones son verdades históricas. Por ejemplo, que “ésta”  forma contemporánea de entender las enseñanzas de Jesucristo ha sido, con algunas variantes protestantes, la única que ha existido. A fuerza  de desandar miles de kilómetros y bucear en bibliotecas, uno aprende otras cosas.

Aprende por ejemplo que en los siglos posteriores muchos grupos tratan de preservar el “cristianismo primitivo”, entre ellos los “arrianos” (por seguir a un monje llamado Arrio) y los “albigenses” (pues comienzan a expandirse desde la ciudad francesa de Albi). Los “arrianos” pasan a llamarse luego “cátaros” (del griego “khatarós”: “perfecto) en tiempos que la Iglesia se dividía en dos, la “Católica” (“Universal”, o Apostólica Romana) y la “Kafólica” (“Verdadera”, con sede en Constantinopla, que devino en la Ortodoxa).

 Los Cátaros eran vegetarianos y pacifistas, creían en la Reencarnación, permitían libremente el sexo y sostenían que Jesús era un “Avatar” (término que existe desde mucho antes que la película de James Cameron, pues en Esoterismo define a una persona que actúa de “canal” o “medium” de otra entidad superior) absolutamente humano, con familia y descendencia. Todo esto fue la excusa que necesitaba la Iglesia para buscar su exterminio; las razones reales eran la popularidad creciente que ganaban entre los pueblos, a su vez ahogados por la represión y los tributos económicos que los reyes imponían a instancias de Roma. Los cátaros, a su vez, se estaban transformando en la justificación religiosa de toda una región de Francia, el Languedoc (llamada así porque allí se hablaba la “langue d’Oc”, la “lengua del país de Oc”, el occitano) y otra de lo que alguna vez sería España y correspondía a Catalunya. Los aires independentistas comenzaban a correr por la región poniendo en peligro más de la mitad del territorio del Rey de Francia. Fue el momento de convocar la primera cruzada, la Cruzada Albigense, al mando de un experto genocida: Simón de Montfort.

la tumba de Montfort
la tumba de Montfort

 Responsable de la muerte de más de 20.000 personas, entre hombres, mujeres y niños en Bèziers, por proteger la ciudad a los cátaros perseguidos. Engañó al obispo de Carcasonne prometiéndole respeto a su vida, sus bienes y su familia si entregaba la ciudad, y luego acabó con todo ello y se proclamó a sí mismo obispo de la ciudad, donde finalmente murió. Pero este hombre tan devoto de la Iglesia Católica, tras su deceso, fue sepultado en bizarras circunstancias. Su tumba está empotrada verticalmente en un muro de la iglesia de Carcasonne, tal y como muestra la imagen, en algo que suena como un eco incómodo de lapidación. Pero no fue un castigo, sino sus precisas instrucciones testamentaria. Pero lo extraño no se agota allí…

 En honor a la prolijidad documental, aquí comienzan dos versiones. Citaré ambas. La primera tiene como fuente al amigo –ya referido- José Luis Giménez, escritor, quien fue el artífice de esa visita a la mágica ciudad. Y dice que  tras el velatorio de sus restos, su cuerpo fue hervido en un caldero hasta quedar reducido a huesos limpios y éstos enpaquetados en el cuero de una oveja y esta bolsa colocada en el muro… en lo que a todas luces remite al rito celta ancestral de exequias de reyes.

En efecto, los antiguos celtas –que precisamente desde tiempos inmemoriales ocuparan la región- habían practicado la extraña costumbre de, muerto sus reyes, hervirlos en un gigantesco caldero (en una época, junto a una yegua blanca), distribuida la carne así desprendida entre la tribu para su comida y sepultados bajo un dolmen de piedra sus huesos previamente envueltos en un cuero de oveja, Algunos exégetas e preguntan si el rito de antropofagia post mortem, el acto de comer los restos mortales de su rey, no resuena todavía en sacramentos religiosos donde se “bebe la sangre” y se “come la carne” consustanciada de sus avatares…

Carcasonne
Carcasonne
Carcasonne
Carcasonne
Carcasonne
Basílica de Carcasonne
Basílica de Carcasonne
Recorriendo con José Luis Giménez sus callejuelas
Recorriendo con José Luis Giménez sus callejuelas

 La otra versión es producto del afán documentalista del también muy amigo (y protagonista de otro de los artículos por venir en esta saga), Josep Bello, quien cuenta (y cito):

El poeta Victor Balaguer rescató un fragmento del canto «LA MORT DEL LLOP» compuesto por el pueblo tolosino en 1218 para celebrar la muerte de Simón de Montfort:

Montfort es mort!
Es mort!
Es mort!
Visca Tolosa
ciutat gloriosa
e poderosa!
Tornats son lo paratge e l’honor.
Montfort es mort!
Es mort!
Es mort!
Provenza bella,
del mon estrella
llum e centella,
ets spill de virtuts e d’amor.
Montfort es mort!
Es mort!
Es mort!

Que a «ojo» se podría traducir: LA MUERTE DEL LOBO – !Montfort ha muerto! ¡Ha muerto! ¡Ha muerto! – ¡Viva Toulouse – ciudad gloriosa -y poderosa! – Han vuelto la alcurnia y el honor. – !Montfort ha muerto! ¡Ha muerto! ¡Ha muerto! – Provenza hermosa, – del mundo estrella – luz y centella, – eres espejo de virtudes y de amor. – !Montfort ha muerto! ¡Ha muerto! ¡Ha muerto!

¿A qué se debe esta alegría por la muerte del jefe militar de la cruzada? Occitania era posiblemente la tierra más civilizada y tolerante de la época.

Al sur estaba la corona de Aragón, que aunque compartían la lengua (entonces, después de la cruzada el occitano se dividió en muchas lenguas y dialectos) y estaban muy emparentados, estaban más dedicados a la espada que a la pluma. Los intelectuales catalanes, casi siempre terminaban en Occitania. Y buena parte de los europeos; Ricardo Corazón de León, por ejemplo, fué trovador occitano, vivió siempre que pudo y finalmente murió en Occitania (los libros de historia dicen que vivió y murió en Francia, lo que habría hecho montar en cólera al bueno de Ricardo).

En el norte era peor. Los franceses no compartían las costumbres corteses ni la lengua. Estaban habituados a unos dirigentes ferozmente autoritarios e intransigentes. Y con la cruzada, que les permitía cometer todo tipo de atrocidades con el beneplácito de Dios…

Imaginaos como se sintieron los civilizados occitanos, que eran víctimas de una cruzada precisamente por haberse negado a entregar a sus vecinos «herejes», cuando vieron que Simón de Montfort apresó a cien ciudadanos de Bram, un pueblecito que había conquistado casi sin lucha, les cortó la nariz, las orejas, el labio superior y les sacó los ojos, excepto al último, al que le dejó un ojo, para que guiara a los demás en un viaje de exhibición por la comarca. Y todo esto sin motivo, simplemente para causar terror psicológico.

Personalmente no he estado en Carcasonne, y no sabía nada de la supuesta tumba de Simón de Montfort. Buscándolo por Internet he encontrado esta web en francés que parece bastante seria: http://bbcp.pagesperso-orange.fr/francais/cite/basilique/basilique.html
Explica que la basílica de Saint-Nazaire, románica en tiempos de la cruzada, fué parcialmente destruída y reconstruída en estilo gótico, combinando armoniosamente románico con gótico, cosa bastante difícil de lograr. En el apartado «La Pierre du Siège», cuenta que Simón de Montfort fué muerto en el sitio de Tolosa el 25 de junio de 1218, su cadaver llevado a Carcassonne y sepultado en la iglesia de Saint-Nazaire. Sus restos fueron exhumados tres años más tarde y llevados a un monasterio cerca de Montfort-l’Amaury (Seine et Oise). Es posible que la piedra llamada «piedra del sitio», descubierta en 1835 por Mérimée en la basílica, sea uno de los pedazos de la tumba del jefe de la cruzada albigense. También dice que el cenotafio que está al lado de la «piedra del sitio», supuestamente de Simón de Montfort, es falso.

La «piedra del sitio», evidentemente esculpida por los vencedores, muestra el arma manejada por mujeres que acabó con Simón de Montfort, su alma guiada al cielo por un ángel, y su cuerpo en una camilla. http://medieval.mrugala.net/Architecture/France,_Aude,_Carcassonne,_Basilique_Saint_Nazaire/

(fin de la cita)

Según la versión de la web francesa, entonces, los restos de Montfort no estarían hoy en la tumba. Aún en el caso que así fuera (de lo que no estoy convencido), lo que quiero traer aquì a colación es el extraño ritual asociado a sus exequias. Extraño, muy extraño, para quien fuera la persona de confianza del Vaticano en la Cruzada cátara y quien fuera obispo de esa iglesia….

Simbolismo de la “yegua blanca”

          Robert Graves ya había señalado –y es recurrente en los estudiosos de esa mitología- que la Gran Diosa o Diosa Madre era, entre los celtas, llamada “la Yegua Blanca”. De allí que el ritual mortuorio de hervir el cadáver del rey con el de este animal en un gran caldero, sepultar las osamentas y comer la carne hervida de ambos tenía un doble, poderoso simbolismo: por un lado, como ya señalé, la consustanciación antropofágica (se adquiere cualidades del rey, que por lo menos en esos tiempos, llevaba, por heredad o logro personal, la “marca” de los dioses en su cuerpo), y por otro la incorporación del símbolo, que es la expresión terrenal, de lo divino. A la vez, al “mezclarse” la carne del rey con la de la yegua se llegaba al momento alquímico de equilibrio entre los opuestos y complementarios, ya que la naturaleza hermafrodita del alimento así preparado “sembraba” su naturaleza en los comensales.

 No hay referencias que en las exequias de Simon de Montfort se haya mezclado su cuerpo con el de un animal, pero sospecho que sin duda ese ritual no se llevo a cabo a la vista de todos y así como de su naturaleza quedó sólo el recuero oral de terceras personas, es posible que se hayan perdido u omitido algunos “detalles” quizás demasiado chocantes para el espíritu de la época.

La pregunta obvia es: ¿qué era Simon de Montfort, después de todo?. Yo tengo mi propia hipótesis: un celta “converso”, mercenario al servicio de unas autoridades mundanas que despreciaba (por representar la estirpe que les había arrasado en el pasado) y unas espirituales que aborrecía. ¿Qué mejor a sus intereses, qué más maquiavélico que cometer horrores genocidas en su nombre, es decir, en nombre de una religión que despreciaba, para estigmatizarla de cara al porvenir –y quizás, con el propósito también que tanto espanto pusiera a las generaciones venideras en contra de esa creencia?. Así, este “terrorista” infiltrado obtenía un doble propósito: por un lado, su enriquecimiento personal, por otro dejar a la historia el recuerdo trágico de una Iglesia asesina…

 

23 comentarios de “LA EXTRAÑA TUMBA DE UN ASESINO DE CÁTAROS: LA MARCA DE LA DIOSA

    • Gustavo Fernández dice:

      Hola Ilario: no hay relación entre arrianismo y «raza ariana», porque el Arrianismo deviene de un nombre propio (Arrio). En cuanto as bibliografia, consultar los trabajos de José Luis Giménez y seguir la web citada -como sus enlaces externos- en el mismo artículo. Saludos.

  1. Armando dice:

    Mi humilde opinión es que Simón de Monfort era un típico jerarca de la iglesia de aquellos tiempos, de corte tenebroso y anticristiano hasta el tuétano, como solían ser los que creían hacerle algún favor a Dios matando gente, muchas veces tan solo por disentir o revelarse a la autoridad de la iglesia anticristiana por excelencia, que ha sido desde el siglo IV y hasta el día de hoy la iglesia católica. Aprovecho para citar unas palabras del evangelio: «…todos los pecadores serán perdonados, excepto los hipócritas!» Con esto no me refiero a los fieles de la iglesia sino a sus dirigentes de corte tenebroso como el que nos ocupa hoy. No nos extrañaría en lo absoluto que la última encarnación de don Simón anduviera hoy en día muy activo e inquieto recorriendo los corredores del vaticano, buscando como servir a su dios Mamón….»son legión!»

  2. Gemma Vargas dice:

    Muchas gracias,por toda esta información,para mi es muy importante desde hace unos años descubrí mi descendencia catara,asi que me ha encantado leer sobre este tema,Gustavo siga con sus estudios es todo un privilegio el haber contactado con usted.Gracias

  3. José Luis Giménez dice:

    Siempre es un placer compartir y debatir la información con Gustavo Fernández, pero cuando, además, se hace «in situ», en los lugares de referencia, el placer es mayor si cabe, pues demuestra ser un gran conocedor de la simbología esotérica y las tradiciones herméticas que, durante miles de años, han sido trasmitidas de generación en generación.
    Un fuerte abrazo
    José Luis Giménez
    http://www.jlgimenez.es

    • Gustavo Fernández dice:

      Aunque corremos el riesgo que esto se transforme en un «ping pong» de halagos, recorrer esos senderos bajo la tutela de un verdadero maestro como vos, José Luis, hace que uno (yo), además de aprender, me sienta profundamente honrado. Un abrazo.

  4. pablo dice:

    gustavo, quiero comentarte, y aprovecho por aca a decirte cuando saliste a decir por diario uno que el fantasma de piedras blancas era mentira y no fue asi yo saque la foto y no menti, perdon si te dieron mal los datos, en realidad fue tal cual, es mas , donde estaba el fantasma habia una niña que no salio, muchas gracias, y perdon. tambien tengo raras arqueologias de nuestro litoral que parecen seres con escafandras y bonetes, a los uales los chanas le decian los dormilones y se los asocio con los pajaros dormilones.-. un abrazo

    • Gustavo Fernández dice:

      Hola Pablo, tendríamos que reunirnos y revisar tus pruebas, yo no tengo inconveniente en cambiar mi opinión y publicarlo si las evidencias son adecuadas. Empero, te señalo que la imagen que me hizo llegar el diario mostraba, por un lado, una imagen de una niña que ya aparecía en otros sitios web, y el analista de Bs As señaló que habia «desprolijidades» entre el pixelaod de esa imagen y la de la zona que la rodeaba. Si contás con el archivo original (no una copia del mismo) y es así como decís, podemos reunir la evidencia poara corregirlo. Igualmente interesante es el otro aporte que comentás, saludos cordiales.

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  9. FERNANDO HERNANDEZ dice:

    Creo que aquí hay demasiadas imprecisiones y tergiversaciones.
    Se habla de la fidelidad de los cátaros a las enseñanzas de Cristo, y se cita su creencia en la reencarnación, su práctica del sexo libre, o su creencia de que Cristo fuera un avatar; ; un avatar es la encarnación humana de un dios, en la religión hindú (el término es de origen indio)… pero según creo recordar, ellos negaban la divinidad de Cristo. Considerar todo esto como fidelidad a las enseñanzas de Cristo, me parece sorprendente.
    En estos trabajos de parapsicología y esoterismo, hay siempre una voluntad de forzar las cosas para acusar a la Iglesia Católica de todo lo posible.
    Se habla de cómo el cadáver de Montfort fue hervido, y se conjetura que junto a una yegua blanca y que su carne sería distribuída en una suerte de eucaristía, según prístinos ritos célticos (que acaso fueran ciertos, aunque yo no he oído de ellos), para a continuación darlo por hecho. Pero lo cierto es que la práctica de hervir los cadáveres de las personas relevantes para separar la carne de los huesos, era una práctica muy común en la época. Se hacía para preservar esos cuerpos de algo tan indigno como la corrupción, y así aparece referido en «El Otoño de la Edad Media», de J. Huizinga quien, por otro lado, no menciona nada de ritos antropofágicos ni yeguas blancas
    . Según parece, era algo también muy común hacer esto a los cadáveres de los cruzados, a fin de enviar sus huesos a sus países de orígen.

    • Gustavo Fernández dice:

      Como decía un viejo conocido, «cada maestrito con su librito». La afirmación que hervir el cadáver tenía como fin «evitar la corrupción» va en contra del criterio ecleciástico imperante entonces, donde la corrupción, en la tierra, era parte necesaria del plan de dios para la «resurrección final». Por otra parte, la historia sobre el culto celta primigenio se relata en la misma Carcasona. Por otro lado la deducción que hay aquí un intento de «atacar la iglesia católica» es cuando menos una suposición antojadiza y refleja tu parecer, a partir del cual uno (yo) podría suponer también que te anima la defensa a ultranza de esa iglesia y tu incomodidad de cualquier lectura en otro sentido, pero, claro, sería también una suposición meramente personal. A propósito, hay cierto fundamentalismo en deducir que es «sorprendente» seguir las enseñanzas de Cristo y al mismo tiempo negar su divinidad. Una aparente contradicción que sólo es tal desde la sesgada lectura ultramontana. Saludos.

  10. FERNANDO HERNANDEZ dice:

    A ARMANDO:
    Llama a Montfort «Jerarca de la Iglesia Católica», cuando no puede decirse nada semejante, ya que queda claro que, aunque estuviera a su servicio, no ocupaba ningún cargo dentro de ella, no siendo obispo, cardenal, ni nada semejante.

  11. FERNANDO HERNANDEZ dice:

    A Gemma Vargas:
    Le sugiero que no se deje seducir por estas historietas, y que se cultive un poco más por sí misma, a fin de expresarse con más corrección, pues escribir con pobreza denota poca cultura, lo cual nos hace susceptibles de creernos cualquier cosa. La «descendencia» es lo contrario de la ascendencia, que supongo que es a lo que se refiere ella que descubrió en relación con los cátaros; puede decir que es de ascendencia cátara, o descendente de cátaros; pero considerarse «de descendencia cátara», es un contrasentido.

  12. FERNANDO HERNANDEZ dice:

    No me atañe a mí considerar si el evitar la corrupción del cadáver va contra el criterio eclesiástico… pero es cierto que se trataba de una práctica muy corriente, según Huizinga y, probablemente, otros estudiosos. Nada tiene de particular que Monfort sufriera tal suerte, y si pasó por los otros ritos relacionados con la yegua blanca y ser comidos ambos… pues yo no se nada al respecto, pero por lo que comentas no hay constancia de ello. Y, por lo que se, no se trataba de algo habitual en aquella época y lugar (aunque se tratara de costumbres célticas más antiguas).
    Yo, desde luego, estoy siempre dispuesto a defender a la Iglesia Católica como institución, aunque no tengo inconveniente en reconocer y denunciar las tropelías que han llevado a cabo muchos de sus representantes. Sea como fuere, aquí se percibe un tono, en general, bastante anticlerical, que ciertamente me incomoda, porque veo en general un abuso de tal actitud (no me refiero a aquí, concretamente), poco dispuesta a reconocer méritos; yo, insisto, no tengo inconveniente en declararme del lado de la institución, aunque trato de ser justo.
    NO veo fundamentalismo alguno en considerar contradictorio que se hable de que los albigenses siguieran con «fidelidad» las enseñanzas de Cristo, y negaran su divinidad. Cierto que el fundamentalismo, strictu senso, plantea como uno de sus aspectos «fundamentales» la divinidad de Cristo, aunque servidor no es fundamentalista, porque no es protestante. La contradicción no es aparente, pues la divinidad de Cristo fue aceptada por teólogos que estudiaron las Escrituras atentamente, y determinaron que Cristo mismo se declaró divino, lo cual no es difícil de encontrar en los Evangelios; por supuesto, se puede creer en ellos o no, pero negar Su divinidad aleja de esa fidelidad en la observancia. .

    • Gustavo Fernández dice:

      Entender que el fundamentalismo es particularidad protestante es mirar hacia otro lado cuando pensamos en el Opus Dei o los Legionarios de Cristo Rey… Ah, por cierto, el término «avatar» es inexcusablemente orientalista en su etimología, pero, ¡cuál es el problema de emplearlo si define claramente una idea, sólo porque la etimología no es latina?

  13. FERNANDO HERNANDEZ dice:

    Por cierto, que entre las tropelías llevadas a cabo por la Iglesia Católica que me declaro dispuesto a reconocer, no tengo inconveniente en incluir el exterminio de estos albigenses, o de otros colectivos de herejes

  14. FERNANDO HERNANDEZ dice:

    El fundamentalismo es una corriente de doctrina protestante de carácter conservador. Generalmente se usa con connotaciones peyorativas y, a decir verdad, suele relacionarse más con la religión islámica, con la cual no tiene nada que ver, y como si fuera sinónimo de «integrismo», que tampoco es exactamente lo mismo (este término, en cambio, si corresponde al ámbito católico). De rebote, muchos lo usan para referirse a cristianos de carácter fanático en comparación con esos musulmanes que vemos en las noticias, con pañuelo palestino y metralleta. En cualquier caso, ninguna de las dos cosas tiene porqué hacer alusión a una actitud violenta y fanática.
    Sea como fuere, la divinidad de Cristo forma parte de la doctrina fundamental del Cristianismo, contenida en el Credo. No se qué sentido tiene llamar fundamentalista a quien observa que, decir que los albigenses seguían con fidelidad la doctrina de Cristo, cuando negaban su divinidad, es contradictorio.
    Tampoco he planteado que sea problemático este uso del término «avatar»; en realidad, yo mismo pensé en Cristo cuando leí acerca del verdadero significado del término en la religión hindú, me pareció muy directamente relacionado con la Encarnación de Cristo. Lo que sí mes resulta imprudente, es atribuir la creencia en el «avatar» a los cátaros en el modo en que se hace pues, aunque el término sea ciertamente muy antíguo, era desconocido por estas latitudes. Además esta idea tampoco sería exclusiva de ellos, ya que, hasta donde llega lo que se, la ortodoxia católica (como el resto de doctrinas cristianas) lo ven del mismo modo.

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