El incomprendido aporte de Jung a la Ovnilogía: A 60 años de la primera edición de un texto revolucionario

Carl Gustav Jung
En 1958 ve la luz el trabajo de Carl Jung titulado “Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo” cuya primera edición en español llega en 1961 bajo el título “Sobre cosas que se ven en el cielo”, de la prensa de Ediciones Sur de Buenos Aires. Ya en ese momento el texto genera impacto, aunque, sugestivamente, sólo en las filas de la intelectualidad aficionada al psicoanálisis y entre los profesionales de la Psicología. No fue, claro, ni un éxito popular de ventas y, de hecho y aún hoy, ni siquiera es considerado como referencia bibliográfica por muchos autodenominados “ufólogos”, o investigadores de OVNIs. Y sin embargo, fiel al estilo de ilimitada audacia intelectual que siempre le caracterizó (aunque le haríamos más justicia refiriéndonos al celebrado psiquiatra diciendo que lo hacía con rigurosidad intelectual y total indiferencia al parecer del “establishment”) Jung traza en ese libro un derrotero apasionante que excede el marco de la mente y apunta al corazón mismo de la naturaleza cósmica. Han transcurrido sesenta años y genera sentimientos contrapuestos observar, por un lado, el campo infinito de posibilidades, tanto de investigación como de reflexión y especulación que propone el ensayista, y por otro lado, esa indiferencia y, aún más, ignorancia por parte de quienes deberían ser agradecidos destinatarios. De ahí este modesto trabajo, que busca no sólo rescatar para el público contemporáneo interesado en Ufología un trabajo insoslayable, sino muy especialmente regresar sobre algunos enunciados, profundizándolos y debatiéndolos. A efectos de una mayor prolijidad en nuestra disquisición, me he ceñido a la mencionada edición argentina, texto con que cuento en original en mi biblioteca y, donde amerite, la referencia con mención de página correspondiente. Pero estoy convencido que el sabio no solamente disculparía mi pedantería de abundar sobre algunas de sus observaciones e incluso discutirlas, sino, sospecho, se sentiría entusiasmado y lo estimularía (al debate, no a él). La propia Psicología Jungiana es deudora conspicua  de ese “brainstorming”; era el propio Jung, por caso, quien no gustaba de hablar de “pacientes” y se refería a ellos como “colaboradores”.
Primera edición en español
La escasa “popularidad” del libro fue sólo el primero de los problemas. El segundo, su mala interpretación. En efecto, algunos autores –especialmente aquellos que en el contexto ufológico se esforzaban y esfuerzan por descollar como “serios” o academicistas- aún hoy siguen insistiendo en que Jung propuso en el mismo una “explicación psicológica”. Eso no solamente significa haber leído mal su contenido; indica, sobre todo, no haber leído a Jung en general. Por si alguna duda quedara, es el mismo quien nos dice: “Cuanto más profundizo las inseguridades de las explicaciones, mayor se hacía la posibilidad que este fenómeno, notoriamente complejo, poseyera junto a un fundamento físico también un esencial componente psíquico” . (…) “El material que conozco hasta ahora, es decir, que he ido examinando a lo largo de una década, justifica las dos maneras de pensar: en un caso un proceso objetivo real, es decir, físico, constituye el terreno del mito que lo acompaña. En otro, un arquetipo engendra la visión correspondiente”. (pag. 14) Y por si no quedaba suficientemente claro: “Las únicas posibilidades son éstas: o proyecciones psíquicas emiten un eco en el radar, o inversamente la aparición de cuerpos reales ha dado motivo a proyecciones mitológicas” (pag. 178) Sin querer arrogarse la explicación definitiva del fenómeno, Jung –y recordemos que da forma final a su trabajo en agosto de 1957, cuando la Ufología en general y la propia literatura ufológica en particular era entonces apenas un movimiento incipiente- va anticipándonos su mirada sobre el OVNI: lo que él considera un “ente psicoide”. ¿Y qué es esto?. Algo que tiene existencia física y psíquica a la vez. Fueron sus numerosas lecturas –tanto de esa escasa bibliografía ya mencionada como de artículos de periódicos y revistas- pero también sus conversaciones meticulosas con profesionales de las más variadas disciplinas (como Max Knoll, profesor de electrónica en la Universidad de Princeton y en la Technischen Hochschule de Munich, especialistas en radares, quien le acercara documentación sobre los “ecos” no identificados que por decenas se habían para entonces registrado en todo el mundo, tanto desde aeropuertos civiles como bases militares) que le convencieron que no se trataba de un fenómeno meramente “psicologista”, esto es, alucinatorio, cuando no en una caterva de fraudes y confusiones. El problema radical –de raíz- es que para el común de las gentes lo “material” y lo “mental” pertenecen a dos órdenes bien diferenciados de la Realidad y fue Jung junto al físico Wolfgang Pauli quienes, desde la enunciación del Principio de Sincronicidad (versión actualizada del “Unus Mundus” esotérico) sentaron la bases de una cosmopercepción revolucionaria: que lo que identificamos como “material” o como “psíquico”, esa diferenciación, en realidad no es característica del Universo sino matiz de nuestra limitada percepción. Escribe: “La consciencia individual no posee categorías conceptuales con las cuales pueda aprehender la esencia de la totalidad psíquica. Por el contrario, la consciencia actual se encuentra aún en un estado, por así decirlo, antiguo, en el que apercepciones de este género no pueden aún realizarse y los contenidos correspondientes no pueden por ende reconocerse como factores psíquicos” (pag. 52) Más aún. Señala claramente que, como psicólogo, no le corresponde interpretar la naturaleza material del OVNI y que –por lo tanto- enfocará su atención a la naturaleza “psíquica”. Pero (insisto) de ninguna manera la excluye. Este punto es tan importante que nunca se regresará la suficiente sobre él: desde colegas clínicos hasta ilustradores humorísticos malentendieron esa visión con un reduccionismo simplista y absurdo.
Viñeta humorística de los años ’60 que expresa la incomprensión sobre la naturaleza de las reflexiones de Jung
En todo caso, sí, Jung profundiza –como debe ser- en la construcción del “mito”. Pero debe entenderse (en el sentido más puramente antropológico) que “mito” no significa que algo sea mentira, irreal, absurdo, sino que se trata de hechos –o procesos- sociales con gran carga afectiva que aglutinan necesidades inconscientes de los pueblos estructurándose en un relato que da sentido de transcendencia a los hechos. Un relato de fuerte contenido dinámico y simbólico que remite a una escatología universal, independientemente de la naturaleza ficticia o fáctica, literal o deformada, de los hechos en cuyo alrededor se construye. No es ajeno a esta concepción el propio Jacques Vallée, histórico referente de la Ufología, cuando escribe: “Estamos asistiendo a la oportunidad verdaderamente única de asistir al nacimiento de un folklore”. Pero Jung no podía orillar la superficialidad del material que se le presentaba al análisis. Y aún en un marco psicológico, pensaba, por un lado, en una construcción casi parapsicológica: “Gracias a tales resultados (del estudio de la Sincronicidad y las investigaciones de Rhine en el campo de la Parapsicología) nos hemos aproximado un poco más a la comprensión del misterioso paralelismo psicofísico, ya que ahora sabemos que existe un factor que tiende un puente sobre la aparente inconmensurabilidad de cuerpo y psique, al atribuir a la materia cierta condición “psíquica” y a la psique cierta “materialidad” gracias a lo cual la una puede actuar sobre la otra” (pag. 172) Y también: “Si tenemos en cuenta, como corresponde, los hechos parapsicológicos, entonces la hipótesis del aspecto psíquico debe extenderse a la esfera de los procesos bioquímicos, es decir a la materia en general. En ese caso el ser se basaría en una entidad hasta ahora desconocida, que tiene naturaleza material y al propio tiempo psíquica. Teniendo en cuenta el moderno pensamiento físico, esta hipótesis podría encontrar menos resistencia que antes. También desaparecería la ardua hipótesis del paralelismo psicofísico y podría construirse un nuevo modelo del mundo apoyado en la idea del “Unus Mundus” (pag. 173)
Comentarios periodísticos de Jung dond eexpresa su convicción sobre la realidad de los OVNI
No podemos en este punto soslayar la importancia que Jung atribuía a las investigaciones parapsicológicas –de entonces- de Rhine y su equipo de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, en el que fuera el primer laboratorio científico de la especialidad, son recurrentemente mencionados en sus trabajos. Incidentalmente, aquí, a veces me pregunto si el desprestigio y chabacanería en que se sumió la “parapsicología” (nótese la sutil diferencia) en las décadas posteriores no ha sido parte también de una programática de los Poderes en las Sombras para desviar, aunque más no fuere circunstancialmente, la búsqueda de Conocimiento y los velos a levantar por parte de una humanidad curiosa. “Cualquiera que sea la manera en que esté constituida la realidad del alma, ella parece coincidir con la realidad de la vida y además hallarse en relación con las leyes de lo inorgánico. Y por último, el alma posee una propiedad que prefiere no admitir, esto es, ese factor relativizante de tiempo y espacio, que la Parapsicología se esfuerza en comprender” (pag. 69) Recordarán ustedes el concepto de “egrégoro”, al que he regresado con frecuencia en mis investigaciones. Sin darle ese nombre, Jung arriesgó la posibilidad que lo que llamamos “fenómeno OVNI” (o parte de él). Por ejemplo: “Si en el mundo exterior ocurre algo extraordinario o impresionante (ya se trate del hombre, ya de cosas, ya de ideas), el contenido inconsciente puede proyectarse en ese algo. Gracias a ello el portador de la proyección se hace numinoso y adquiere fuerzas míticas. Y, en virtud de su luminosidad, obra de manera extremadamente sugestiva y se apropia de una leyenda que en sus rasgos fundamentales se repite desde tiempos muy remotos”  (pag. 180). Esta carga energética, cuando involucra a través del tiempo a miles o millones de personas, le otorga una cierta “independencia” psíquica. El Arquetipo se hace numinoso, cobra vida “externa” a través de lo que se materializa. Tiene vida propia.. Por cierto, también debemos aceptar que pasados sesenta años debemos, si no rever, posiblemente expandir las teorías de Jung (lo contrario, mantenerlas fosilizadas a través de las décadas las convierte en una seudo religión). Si se devociona y ceremonia una visión arquetípica se la carga de energía. Se le transforma en un Egrégoro. Aún en un análisis minucioso se hace arduo distinguir cuando una observación circunstancial es proyección arquetípica o visión fenoménica de un Egrégoro, y el propio Jung no abundó en estas consideraciones aunque intuyo fuertemente que sí caviló sobre ellas. “Un contenido psíquico puede manifestarse como proyección únicamente cuando el yo no sabe que pertenece a su persona” (pag. 62) Entiendo que por ello prefirió limitarse a considerar el “fenómeno OVNI” en tanto conjunto y –como se cuida de insistir varias veces- enfocar su mirada sobre las implicancias psicológicas sin que ello niegue su realidad física objetiva. Una vez más: estamos tan acostumbrados por una educación maniquea a las diferenciaciones y, peor aún, a aislar lo “físico” de lo “psíquico”, tanto en lo individual y cómo no en lo colectivo, que la comprensión de una Realidad fisicopsíquica única es, para muchos, una agradable especulación teórica que, sin embargo, no vivencian en su vida cotidiana. Y para otros, apenas una verborragia sin sentido. En una concepción holística del Todo, la realidad psíquica del OVNI no excluye la realidad física. El problema surge cuando se pierde esta mirada y se cae en un debate maniqueo.
Una de tantas cartas de Jung a editores que le solicitaban originales con sus opiniones sobre OVNI
Pero, inevitablemente, todo autor, por metódico y objetivo que trate ser, desliza entrelíneas su, cuando menos, foco de real interés, y en el caso de “Sobre cosas que se ven en el cielo” su “espíritu” (no podía ser de otra manera) parece estar en los procesos subyacentes en la psicología del testigo que culminan en la visión del OVNI (ese “parece ser” remite a la lectura del Profano. Porque el estudio de la obra de Jung es un proceso de Iniciación, y quien lo reduzca a una “escuela de pensamiento” en el sentido académico no ha entendido nada) como un Camino de Autorrealización. En otras palabras: en esa unicidad entre el “adentro” y el “afuera”, es indiferente –no hace diferencia- si el OVNI está ahí fuera y provoca algo dentro, o si está adentro (en un sentido colectivo, no olvidemos esto) y se manifiesta ahí afuera. El hecho es –y si “es”, entonces es-lo-que-es – que como Camino es un Proceso de Individuación. Y toda Individuación es un salto cuántico de evolución. “La figura circular integradora de la Totalidad, especialmente ubicada en los espacios celestes, es decir, el “mandala” es una representación simbólica del Selbst, es decir, de la totalidad de la consciencia y del inconsciente juntos” (pag. 38) “Si un fenómeno físico desconocido fuera la causa externa del mito, ello no quitaría nada al mito mismo” (pag. 42) “ (Un místico se ve constreñido)… a transformar, de acuerdo con el espíritu de la época, la vivencia en un contenido integrado en la consciencia, contenido que lo obliga intelectual y éticamente. … (…) … le falta aún realizar este trabajo y también quizás a todos aquellos que ven ufos, sueñan con ufos o difunden rumores sobre ufos” (pag. 59) “Así como por ejemplo el hambre físico se sacia por lo menos en sentido figurado con la vista de una magnífica comida, así el hambre del alma se sacia con la visión de imágenes numinosas” (pag. 63). Aquí, exagerando nuestra soberbia, podríamos contradecir al insigne sabio suizo y acotar que, en realidad, cuando el hambriento ve una magnífica comida pero no puede acceder a ella su hambre se exacerba. Así también, el espíritu puede exacerbarse ante visiones que no responden su búsqueda e impulsarle ello a búsquedas más profundas. En la vivencia religiosa el ser humano busca y encuentra –o cree encontrar- un Ser espiritualmente superior. En la vivencia ufológica el ser humano busca y encuentra un ser psíquicamente superior. Y como si estas pinceladas no bastaran para sumergirnos en profundas cavilaciones, recordemos que en este libro Jung no se arredra (¡en 1958!) de especular sobre si los OVNI, antes que “vehículos” no son en sí y por naturaleza propia seres vivos: “Debo confesar que al leer las numerosas relaciones sobre ufos se me ocurrió también a mí la idea de que el comportamiento característico de los ufos recuerda sobre todo al de ciertos insectos. Y, si se quiere especular sobre semejante posibilidad, existe ciertamente la probabilidad que, en condiciones de vida diferentes, la naturaleza sea capaz de demostrar aún mejor su “sabiduría” en una dirección diferente de la de la producción fisiológica de luz y otras cosas parecidas, por ejemplo en la antigravitación. En efecto, nuestra fantasía técnica sigue por el momento y a menudo con mucho retraso a la fantasía de la naturaleza. Todas las cosas de nuestra experiencia están sometidas a la gravitación, con la única y grande excepción de la psique. La psique representa precisamente la experiencia misma de la falta de peso. Que sepamos, el “objeto” psíquico y la gravitación son inconmensurables. Parecen ser diferentes en principio. La psique representa la única antítesis que conocemos de la gravitación. Es una antigravitación, en el sentido propio del término. Para confirmar esta aseveración, podríamos asimismo aducir las experiencias de la Parapsicología, como por ejemplo la levitación y otros fenómenos psíquicos que relativizan tiempo y espacio y que hoy sólo los ignorantes niegan” (pag. 78) El método que emplea el sabio para esbozar estas conclusiones es propio de la Psicología: el análisis de sus “colaboradores”, como gustaba llamarles. Y la correspondencia (escribo “Correspondencia”, como antes escribí “Sincronicidad” y una vez más sólo al ojo distraído puede escapársele como las Leyes Fundamentales del Universo ya descritas en el Kybalion pasean a sus anchas en el campo Jungiano) en los ejemplos que acompaña son impresionantes: Describiendo un sueño de una de sus consultantes: “Eran las últimas horas de la tarde o las primeras de la noche. El sol se acercaba al horizonte. Estaba cubierto con un velo de nubes lo bastante tenue para dejar ver aún al sol como un disco de nítidos contornos. El sol era blanco. Súbitamente el blanco se tornó en una inusitada palidez, que se difundía inquietantemente por todo el horizonte occidental. La palidez (…) de la luz diurna se convirtió en un horroroso vacío. Entonces apareció en el oeste un segundo sol, de la misma elevación que el primero, sólo que un poco más hacia el norte. Pero cuando nosotros observamos con tensa atención el cielo –había muchas personas presentes, diseminadas en un amplio espacio, que como yo observaban el cielo- el segundo sol se transformó, a diferencia del disco primero, en una nítida esfera. Simultáneamente, con el crepúsculo y el comienzo de la noche, la esfera se acercaba, veloz, a la Tierra”. Y entonces, uno no puede dejar de pensar en Fátima. Repetido entonces hasta la saciedad que en ningún momento y de ninguna manera la propuesta jungiana ve la “visión OVNI” como “alucinación” (salvo en los contados, específicos y particulares casos patológicos que, obviamente, también los hay como en todo orden; hay personas que alucinan ver personas en determinadas circunstancias lo que no evita, lógicamente, que esas personas también existan físicamente) comencemos a pasar en limpio el mecanismo de ese Proceso de Individuación que el “estímulo OVNI” (“estímulo” en cuanto a relación “estímulo – señal” significa) dispara, con la acotación ineluctable que si el mecanismo incluye Arquetipos, entonces el efecto o Correspondencia es Colectivo: el “gatillo OVNI” deja de ser un disparador individual para actuar sobre la especie humana como conjunto. Lo “desconocido” del OVNI se identifica “con el proceso de emergencia de lo inconsciente, es decir, cuando entra en el campo de la consciencia, entonces ya está divido en “cuatro”, esto es, puede ser objeto de conocimiento sólo gracias a las cuatro funciones fundamentales de la consciencia: se lo “percibe” como algo que existe; se lo “conoce” como algo “distinto” de aquello otro; se revela “aceptable”, “agradable” o lo contrario; y por fin se “siente” de dónde viene y adónde va. Esto es, no puede percibírselo con los sentidos ni pensárselo con el intelecto”.  (pag. 168) Hasta aquí literalmente hemos transcripto las palabras del maestro con algunas acotaciones. Ahora bien, Jung no era –no pretendía serlo- ufólogo. Por lo tanto, el subjetivismo de pertenecer a esta “tribu” enriquece el análisis pues nos pone en inevitable status de “colaboradores”, aquellos a los que él se refería como tales.
«La noche estrellada», cuadro de Van Gogh, 1889. El propio artista escribió: «expresa la idea d euna fantasía apocalíptica, con un grupo de figuras vivas, que son como nosotros». Jung, dilecto «voyeur» del arte, reconoce en esta obra una de sus inspiradoras
Desde ese lugar y en correspondencia con la lectura jungiana, son varios los ítems que deben enlistarse. En primer lugar, la fuerte emocionalidad de Creyentes y Refutadores. Podría comprenderse naturalmente los primeros; es más arduo en los segundos si no tomamos en consideración la pulsión arquetípica ya mencionada. No habría tal si el Refutador, simplemente, se burlara e ignorara el tema. Pero, por el contrario, muchos refutadores tienen un compromiso intenso aunque de valor negativo con el mismo. Dedican esfuerzos, tiempos, dineros para armar su estructuras negacionistas. Generan blogs, conferencias, congresos, escriben libros que en muchos casos publican de sus bolsillos. A mí, en lo personal, no me gusta el fútbol. Por ende, no veo partidos, no leo artículos sobre ese deporte ni voy al estadio. Si estuviera inficionado de la misma emocionalidad que el Refutador Ufológico, haría todo eso con el afán de criticar, agredir y denostar. Y esto, que parece tan obvio –lo de no hacer lo que no te gusta, o en lo que no crees- no es para nada obvio, lógico ni natural para los Refutadores. Esa emocionalidad de carga energética arquetípica es lo que lo explica. En décadas pasadas, el OVNI era algo “allí afuera”, que los testigos veían –alguna vez, varias veces- y compartían como algo episódico mientras sus vidas continuaban sin cambios. Hoy, el “episodio OVNI” impacta tan profundamente que el testigo difícilmente vuelve a ser el mismo; su cosmopercepción cambia, en muchos casos sus intereses y relaciones también. Así como el análisis de los sueños lleva al individuo a la oportunidad de autorrealización (“Proceso de Individuación”, en la Psicología Compleja) a partir del OVNI el humano testigo avanza en el campo metafísico. Y es un hecho que el impacto mediático del tema abrió las puertas a un sinfín de temas espirituales. Y aquí vuelvo a un punto en el que he insistido a través de los años. En términos sociales y culturales, acéptese o no la “realidad física” o “extraterrestre” de los OVNI, su impacto sobre la Humanidad es innegable e irreversible. No temo decir que la historia del pensamiento humano no hubiera sido la misma si los OVNI no hubieran aparecido. El interés disparado por la “experiencia OVNI” (sea un avistaje o mera curiosidad) antecede y abre las puertas a intereses holísticos, espiritualistas o alternativos cada vez más complejos: el testigo o interesado pasa a ser un comprometido –y para comprometerse es necesaria una energía que no existía antes del evento de compromiso. El Amor es un buen ejemplo: antes de enamorarnos, nosotros somos personas “x”. Ocurre el “evento” (aparece en nuestra vida esa otra persona) y “despierta” una “energía” (amor) que nos convierte en personas “x+1”. Y como al OVNI, del amor no podemos presentar evidencias de laboratorio. Podemos escanear o viviseccionar al sujeto y no encontraremos eso que llamamos “amor”. Es más, podemos ensayar explicaciones biologistas y psicologistas –que vienen a ser como las “explicaciones naturales” para los OVNI-; que llamamos “amor” a deseo sexual combinado con proyecciones del inconsciente, que “idealizamos” una relación para satisfacer carencias, que… dígase lo que se diga, la “energía del amor” seguirá estando ahí –hasta que, casi como cumpliendo el Principio de Entropía, se disipe- actuando, modificando nuestras vidas, siendo, en el contexto de nuestra existencia, el “estímulo-señal” que generará cambios porque nuestra percepción de la vida no volverá a ser la misma si no se hubiera manifestado. La ufología permite construir un ámbito para – académico, con sus Congresos, reconocimientos, publicaciones, así como para – académico es el ámbito de los refutadores. Y Jung también escribió (aunque para otros contextos) sobre esto: cuando se aplica tanto esfuerzo en “diferenciarse” de algo o alguien hasta llegar a generar las mismas conductas que detentan aquellos a los que se critica, estamos ante una Enantiodromia. Los opuestos terminan pareciéndose. La “experiencia ufológica” es una epifanía, pues el ufólogo se siente a la vez salvador y salvado, adquiere un “sentido de pertenencia” y se hace cruzado de una causa cósmica. Aún más el “contactado”: todo Contactado tiene una Misión, un “trabajo” que realizar. Y en el camino (¿o debería escribir “en el Camino”?) sacrifica relaciones, trabajo, familia. Es el Viaje del Héroe jungiano, la gesta del caballero tras el Grial, sabiendo que es muy posible que fracase y “muera” en el proceso (aquí, la muerte será afectiva o social) pero la atracción de la Búsqueda justifica todo riesgo. Y esto está creciendo exponencialmente. Cuarenta años atrás, había muy pocos “contactados” en el mundo y un enorme público “pasivo” que asistía a sus charlas o compraba sus libros. Actualmente hay “contactados” por todos lados: en la entrevista cotidiana del ufólogo abunda la gente que dice haber recibido “mensajes” y tener “revelaciones” sobre la naturaleza de todo (o del Todo) y, cómo no, fantasean con “escribir un libro”, que en nuestra sociedad contemporánea es obtener placet de intelectual. Ese “contacto” muchas veces compensa lo sexual y aquí es inevitable considerar el fuerte componente sexual de la mayoría de los relatos de abducciones o presuntos secuestros por “extraterrestres”. La “experiencia OVNI” comparte otra característica con las ensoñaciones oníricas: la suspensión de la extrañeza. Como en el sueño, durante el episodio OVNI las situaciones más bizarras parecen “normales”. Otra vez: si el lector piensa en el “sueño” simplemente como una alucinación caería en el error de comprender esta última frase como que reducimos al OVNI a la misma categoría. Y en realidad, aquí se propone dos niveles de interpretación: el “campo del sueño” como “campo arquetípico”, y el “sueño” como expresión de una realidad no física donde cohabita el ser humano. Ya lo he anticipado en algún artículo y pienso regresar en el futuro: estoy convencido que muchos sueños no transcurren “en” la mente del soñante sino en un plano paralelo, astral. Y también estoy convencido que ciertas “abducciones” ocurren en ese mismo plano. Por todo esto, hace rato que afirmo que el OVNI es un cósmico koan zen. El “koan” es la herramienta en Zen que ayuda al practicante a alcanzar el Satori, la Iluminación. Consiste en una pregunta –transmitida históricamente, o que su maestro genera para él- que es intrínsecamente absurda y sin sentido (un ejemplo típico: “Conocemos el sonido de dos manos al aplaudir. Pero, ¿cuál es el sonido de una sola mano al hacerlo?”) pero que –según esa filosofía- cuando el estudiante enfoca su atención sostenida e intensamente en la misma durante largo tiempo la propia “absurdidad” de la misma provoca una “disrupción de la conciencia” (algo similar al quiebre que en los viejos métodos de “lavado de cerebro” se realizaba haciendo escuchar a la víctima, a través de auriculares, dos discursos distintos hasta que la consciencia, casi como recurso de supervivencia, se dislocara exponiendo el inconsciente a la manipulación) para “ver sin pensar”. El OVNI es un absurdo. Toda teoría explicativa toma ciertos casos para justificarse pero colapsa frente a otros. Se ha dicho que lo único coherente del fenómeno OVNI es que es un absurdo, y eso es verdad. Se ve claramente cuando algunos ufólogos ignoran o desprecian ciertos casos sólo porque no encajan en sus teorías, salvo que las mismas –otra vez- sean “proteiformes” y se adapten ante estos nuevos casos hasta terminar siendo algo que no tiene nada que ver con lo que fue originalmente. El “koan” OVNI lleva al Yo a hacerse preguntas sin advertir que la ansiedad de la no respuesta mueve el tembladeral de fuerzas sepultadas en la “Sombra” y ese movimiento desanquilosa los límites de su perspectiva terrenal y reconfigura su sensación de “destino”, expansión que si en el camino no cae en el peligro de la “inflación del ego” (manifestada en Mesianismo) se transforma en “significación cósmica”. La energía provendría de arquetipos, por eso el OVNI “afuera” debe corresponderse con el OVNI “dentro”, en virtud del Principio jungiano de Sincronicidad. El OVNI, a decir de Jung, es un ente psicoide. Tiene realidad y existencia física y psíquica a la vez. Y las Inteligencias tras el OVNI son proteiformes; van enmascarándose y adaptándose al momento cultural del entorno social en que se manifiesta. Las “naves extraterrestres” de los ’50 a ’80 presentaban tornillos, ventanillas, escalerillas (imaginar a un extraterrestre que ha cruzado media galaxia necesitar una escalerilla para apearse es tan anacrónico como si descendiéramos de un vuelo transcontinental mediante una liana o una soga anudada). Luego, comenzaron a descender por medios más “tecnológicos”, como “tubos de luz”. Hasta su propia vestimenta cambia. En los ’50 vestían trajes plateados ajustados como de neopreno con largos guantes hasta los codos, cinturones anchos con hebillas y capas cortas a la espalda (agradecería que alguien me explicara para qué diantres se necesita capa al viajar por el espacio). En los ’60, sus trajes eran lo más parecidos a la naciente astronáutica de entonces: plateados, con escafandra. En los ’70 , época de hippies y “Hair” túnicas, generalmente blancas, y largos cabellos. O hay un Cristian Dior de la moda cósmica campeando por allí o su apariencia es función (en el sentido matemático de la expresión) de la época. ¿Qué decir de los casos donde la “nave extraterrestre” –al decir del protagonista- cuando se ingresa en su interior, presenta estalactitas colgando del techo?. ¿Cuándo la “nave” llega a una base subterránea y a un lado hay aparcado un viejo vagón de tren con la svástica nazi a un costado?. ¿Qué decir del caso –investigado por mí personalmente- donde el “cuasi aterrizaje” de un OVNI es descripto por dos testigos, uno, ingeniero agrónomo, que dibuja ventanillas, toberas, expulsión de gases incandescentes y la otra testigo, una afable anciana semialfabetizada, relata emocionada la aparición de la Virgen María?. Nuestra pedantería citadina puede llevarnos a tomar como más “exacto” el relato del ingeniero porque, claro, la pobre señora, en sus limitaciones, lo “confundió” con una aparición mariana. Pero, ¿y si fuera al revés?. ¿Si se aparece la Virgen –o el Demonio, o un ángel, o el espíritu de la tía Carlota- y es el ingeniero quien se “confunde” tomándolo por un ingenio tecnológico?. Tengo la sensación que, en un par de siglos, nuestros descendientes leerán sobre ese caso y reirán con cierta compasión de ambas interpretaciones porque ellos, en ese momento, “sabrán” que la explicación es “otra”. Finalmente, Jung, reflexionando sobre sus anotaciones previas a las Guerras Mundiales donde las “visiones” de sus colaboradores, a su ver, anticipaban cosas mundiales y traumáticas que estarían por ocurrir (y no se equivocó) escribió que sospechaba que el incremento de apariciones OVNI avisaba de nuevos grandes cambios. Y escribía sobre esos “cambios” pensando en sus experiencias de la preguerra.. La pregunta es si, aún teniendo él una cuota de razón, esos cambios no habrán sido “positivos”. De manera individual –para el “testigo” o para quien interese el tema- y colectiva –para la humanidad toda- podemos ver el “fenómeno OVNI” como algo episódico, anecdótico, algo que “pasa”, o como un punto de inflexión en la evolución psíquica y espiritual. Si así fuera, la “naturaleza” del OVNI, de “dónde viene” y el “qué es”, ante semejante suceso, pasa a ser lo menos importante.

2 comentarios de “El incomprendido aporte de Jung a la Ovnilogía: A 60 años de la primera edición de un texto revolucionario

  1. Rubén Morales dice:

    Gracias Gustavo por este artículo que reivindica a Jung en sus planteos sobre la profundidad del tema ovni como una de las vías hacia la integración del yo en los humanos, en tanto quienes le adjudican a Jung ofrecer una “explicación psicológica”, una receta simplificadora más, desnudan en ese comentario una lectura superficial de Jung, incapaces de traspasar aunque sea algunas de las muchas capas de profundidad que anidan en su complejo legado teórico. Tampoco tiene relación con Jung la llamada «hipótesis psicosocial» propuesta en los años ’70 por Michel Monnerie, quien no era psicólogo y recibió certeras críticas por pretender inventar definiciones que ya existían además de adjudicarse descubrir fenómenos previamente explicados en la literatura psicológica.

    Y celebro tu enfoque revalorizador del mito, tomando la palabra mito no como sinónimo de mentira, sino bien al contrario como constructo fundante, nutriente y vital de nuestra realidad psicosocial. No es casual que respetados consultores actuales de comunicación política subrayen la importancia de que un mandatario construya un «mito de gobierno» para consolidar su poder.

    Mencionas «que lo único coherente del fenómeno OVNI es que es un absurdo», concepto que le debemos a ese gran pensador -a quien también habría que revalorizar- que fue Aimé Michel, y que por contraste nos lleva a reflexionar acerca de las muchas situaciones absurdas que ocupan nuestra actividad cotidiana y que sin embargo están socialmente naturalizadas, institucionalizadas, fuera de cuestionamiento o debate alguno.

    En fin Gustavo, estos son solo algunos flashes, algunos pensamientos disparadores, a los que me ha invitado tu elaborado artículo que es una contribución importante, necesaria, que llega en buena hora para favorecer la comprensión del ideario de Jung e invitar a la lectura de «Sobre cosas que se ven en el cielo».

    Creo que el trabajo que te has tomado de resumir y explicar los principales conceptos del libro debería inspirar a otros a redactar artículos que permitan acercar la buena bibliografía ufológica a las generaciones más jóvenes que tal vez han visto miles de videos, pero han llegado a sus manos muy pocos libros y no siempre los mejores.

    Gracias nuevamente

    • Gustavo Fernandez dice:

      Gracias por tus palabras, Rubén. Como referente de la ufología argentina que sos (y, para quienes no le conozcan, psicólogo social, docente acreditado), pero muy especialmente, como buen tipo y profundamente honesto que se te sabe. Fraternalmente,

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