Desmitificando la Magia

Comienzo este artículo expresando agradecimiento y honrando la memoria y el legado de aquellos grandes teóricos del Esoterismo de tiempos quizás no tan lejanos, en que escribir públicamente sobre “Magia” (a menos que fuera el Ilusionismo de salón, la única “magia” tolerada socialmente por mucho tiempo) era exponerse abiertamente al escarnio, la diatriba y el ridículo. En tiempos ya remotos la herencia espiritual e intelectual que la Magia gestó era, por el contrario, respetada y conservada. Y en tiempos intermedios, exterminada en las hogueras. Esa línea de tiempo le permitió a Pierre Piobb, filósofo y ocultista, escribir aquello de “en el pasado a los magos se nos quemaba en las hogueras. Hoy, se nos cubre de ridículo, lo que es todavía peor, ya que el ridículo jamás ha creado mártires”.

Esa travesía histórica nos trae a un momento en que, aunque mueva a risa en ese segmento de la sociedad (académica o no) que se considera “racional y pragmática”, la aceptación cuantitativamente significativa que en estos tiempos modernos tiene lo holístico, la reversión de la espiritualidad a estados primigenios de la misma y los inalienables derechos de libertad de expresión genera espacios (como éste) donde, si uno no es demasiado rehén de la mirada impuesta por el “statu quo”, podrá expresarse, encontrar numerosas mentes que reflexionarán sobre lo escrito y, quizás en el camino, haber aportado algo de claridad.

De manera que trascenderemos las definiciones propias de Wikipedia así como la mirada sesgada de quienes, llamándose “escépticos”, son en realidad ”panrefutadores militantes”i, para introducir a quienes quizás se acercan por primera vez en busca de explicaciones básicas para entender, después de todo, qué es la Magia.

Tal vez podríamos comenzar y finalizar esta nota diciendo que la Magia es al Esoterismo lo que la Técnica es a la Ciencia. Pero sería quizás un recurso huidizo para soslayar desarrollar esa idea, que es a lo que nos abocaremos.

El electricista que realiza una instalación en nuestra vivienda, un “técnico” (pues la Técnica es aplicar prácticamente los principios teóricos) no lo hace azarosamente sino siguiendo (aunque tal vez no sepa porqué) indicaciones que surgen de las investigaciones teóricas y de laboratorio de los científicos. Es decir, es la conclusión de esas investigaciones, y las leyes formuladas, las que permiten que el técnico ilumine nuestra casa y no se electrocute en el proceso.

Bien. Basándonos en la misma analogía, el Mago, la Maga, aplica prácticamente, a través de rituales, ceremonias, invocaciones, evocaciones (que no son sinónimos), símbolos, fragancias, gestos, etc., los principios teóricos y filosóficos y las Leyes Fundamentales estudiadas y enseñadas por los Maestros e Iniciados desde la más remota Antigüedad. Esto es determinante: quien afirme algo como “mira si porque tengas un mechón de mis cabellos vas a poder hacerme algo a distancia”, sólo exhibe su total desconocimiento del Principio de Correspondencia. Quien descarte que la intención sostenida “cristaliza” la Realidad que es sólo una entelequia, ignora el Principio del Mentalismo. Quien se encoja de hombros deduciendo que si puede escapar a las humanas consecuencias de sus acciones no habrá otro “rebote”, no ha reflexionado sobre la Ley de Causalidad y la Ley de Vibración. Y así con todas las demás.

Y seguirán ignorándolo porque, obvio, como esas personas “ya saben” que todo eso del Esoterismo es una tontería, ¿para qué van a invertir tiempo, esfuerzo y recursos en dedicarle unos años de estudio y profundización?. Así, actúan en base a prejuicios intelectuales, animados de un verdadero “pensamiento mágico”, sí, pero no el preclaro de esta Magia de la que estoy escribiendo, sino en el sentido psicologista de la expresión: como un “iniciado” (el académico, el medio de comunicación) ha señalado que son tonterías, pues a esas “autoridades” resigna su albedrío y discernimiento.

Por el contrario, si le dedicara el tiempo que amerita, descubriría respuestas fundamentales: que la Realidad es una cuestión de Paradigma, por lo que construyendo simbólicamente mi Paradigma manipularé a voluntad, en base a esos mismos símbolos, mi Realidad. Que el “occultum” es un verdadero “Portal” a planos sutiles, representando microcósmicamente en las operaciones que el Mago realiza en su interior las operaciones que, por Correspondencia, espera se reflejen en su Macrocosmos de todos los días. Comprendiendo que fórmulas y oraciones, signos de poder y fragancias, letanías en idiomas antiguos y geometrías extrañas son un “metalenguaje” para que, por Principio de Sincronicidad, operen transformaciones y cambios en esos otros planos.


“Tonterías”, repetirán los panrefutadores. Y sólo les preguntaré: ¿Han hecho la prueba? ¿Lo han intentado?

Y ya sabemos que no, que no gastarán su tiempo, su energía y su dinero en experimentar, porque -otra vez- ya saben que es una pérdida de recursos. Tanto como (recuerdo una anécdota personal) cuando hace unos años compartí públicamente una enseñanza de ese alquimista y esoterista uruguayo llamado Julio César Stelardo, quien enseñaba cómo transmutar plomo en oro en el laboratorio. Si alguien lo consiguió, tuvo la discreción de no comentarlo; pero me escribieron tres amables contertulios, dos de ellos estudiantes avanzados de Química y otro Ingeniero Químico que, en extensos y profundos mails me “explicaban” porqué “era imposible” transformar el plomo en oro. Les agradecí la detallada explicación y les pregunté si habían hecho el experimento. La respuesta sonó como un coro: por supuesto que no, porque… “ya sabían” que no podía resultar.

(Para quienes me argumenten que las “leyes” de la ciencia son tan obvias que si algo se “demuestra” en teoría es igual a demostrarlo en la práctica: la supinas ignorancia en Esoterismo de estos amables discrepantes se pone de manifiesto porque en sus “cálculos” brilla por su ausencia un factor, una variable fundamental: lo Espiritual. La Ley de Sincronicidad enseña que toda acción u operación física es inextricable de una acción u operación espiritual, y viceversa. Estimar los “resultados” de una sin la otra es una media verdad. Y una verdad a medias es una mentira completa).

Me resulta fascinante como los críticos negacionistas desconocen de manera rampante aquello que atacan. Quienes critican la Astrología, la Alquimia, la Parapsicología … y la Magia hacen sus postulados con una petulancia chocante junto a la ignorancia de fundamentos básicos para cualquiera que sólo haya raspado la superficieii.

Una superficie que, al ahondar, nos devela una Magia compleja, con numerosos acápites: la Contramagia (recursos para contrarrestar el mal uso que de la Magia se haga, porque estas fuerzas y estas energías y estos planos no son “buenos” ni “malos”, categorización primitiva sólo entendible en desconocedores, ya que lo “bueno” y lo “malo” es relativo y dentro del contexto sociohistórico en que el término se emplea), su “división por operaciones” entre Magia Simpática (donde un elemento que pertenezca al destinatario de la acción replica a ese destinatario, porque la parte del Todo refleja el Todo), la Magia Mimética (que trabaja sobre el “reflejo de las formas”, es decir, por el “parecido” en verdadera representación del teatro del Simbolismo, como cuando se ocupan las llamadas “velas de forma”, la Magia Natural (que ocupa desde alineaciones planetarias hasta hierbas, pasando por las propiedades “ocultas” (es decir, sutiles) de metales, madera, huesos, piedras y la Magia Talismánica (donde la preparación de amuletos y talismanes funciona a partir del principio de “proyección”, es decir, que tanto las propiedades astrológicas del “momento” elegido para su preparación como, otra vez, las propiedades sutiles de los materiales empleados y el poder energético de los símbolos ocupados confluyen en el momento de “consagrar” ceremonialmente el objeto.

Luego tenemos la división en “colores”, sólo a efectos orientativos: Blanca, si es para armonizar y abrir caminos, Roja, si su objetivo es la atracción sexual y la enfermedad (Curiosa analogía: ¿ser esclavo de las pasiones es entonces también asimilable a una enfermedad?); Verde, donde se trabaja con las entidades inteligentes” de la naturaleza, Marrón; si lo que se busca es poder y dinero y finalmente Negra, con el fin de destruir.

Como síntesis, compréndase lo siguiente: El Mago sabe que una vela no es más que un poco de parafina derritiéndose, que una operación es sonido con significado inteligible, que gestos y símbolos son mera geometría, sí. Pero sabe también que esa “representación”, repito, en ese pequeño Microcosmos que es su rincón ocultista se reflejará, replicará en un ámbito más grande, el Universo. Pero no cualquier Universo. Lo hará en ”su” Universo, es decir, el Macrocosmos personal donde se desenvuelven sus relaciones e interacciones, y esto como necesaria consecuencia de las Leyes ya señaladas. Ah, ¿esa que el panrefutador sigue diciendo que las mismas “no existen”, que “de dónde” las obtuvimos, que…? Con respeto y humildad le invitamos a estudiarlas. A su regreso, conversaremos. Especialmente porque sabemos que quien regresará a conversar con nosotros ya no será la misma persona.

Así, regresando en forma de Ouroboros al casi comienzo de este artículo, el Brujo será quien sólo busca leer el “manual” de instrucciones del aparato que compra para usarlo sin más. El Mago será el técnico electricista.

Y el Iniciado, el científico que construye los fundamentos de ese Conocimiento.


i) Propuse hace años la denominación “panrefutador militante” en reemplazo del uso vulgar de “escéptico”, pues el Escepticismo es una respetable posiciòn filosófica de duda racional. El PM (“panrefutador militante”, irónico que las siglas semejen “policía militar”) se atribuye el rol de fiscal de la consciencia ajena. Con credenciales académicas o sin ellas se atribuye el discernimiento de lo “verdadero” frente a lo “falso” y, por petición de principios, rechaza todo lo “paranormal”, “espiritual”, “metafísico”, etc, desde el Feng Shui a la Ufología, generalmente con un discurso agresivo y mendaz que no puede disimular sus propias contradicciones. Como “perla” curiosa, recordemos, en Argentina, la existencia del malogrado “Centro Argentino de Investigación y Refutación de las Pseudociencias”. ¿Cómo pueden convivir en una mismas oración las palabras “investigación” (que presupone objetividad) y “refutación” (que expresa a las claras posturas prejuiciosas)?

ii) Un buen ejemplo es el de los críticos feroces de la Astrología, que no solamente incurren en errorers tan de novatos como confundir “constelaciones zodiacales” con “signos astrológicos”, sino que también ignoran que no se trata de “acciones” y “efectos físicos” de los astros sobre los humanos sino de correspondencias simbólicas.

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