¿Cuál es el sentido de la formación en guía de temazcal?

La respuesta a la pregunta que es título de esta nota parece obvia por sencilla: formar Temazcaleros. Sin embargo, es oportuno abundar en algunas observaciones que pueden echar luz a dudas y confusiones que todo Buscador, toda Buscadora, puede hallar en su Camino.

Siempre comparto con los hermanitos que participan de estos encuentros que la Formación, cuando finaliza, es sólo el verdadero comienzo. Técnicamente, la Formación proporciona las herramientas básicas, la instrucción en la logística, preparación, alcances y prevenciones que el o la Temazcaltiani (“guía de temazcal”, en náhuatl) debe considerar, la cosmopercepción y filosofía así como los antecedentes históricos. Y aún más: entre los numerosos “linajes” de práctica ancestral, honramos y continuamos la línea Mexica-Tolteca, respetando toda otra, por supuesto.

Como en tantos aspectos de la vida, aquí también aplico lo de “cada maestrito con su librito”. De ninguna manera quien suscribe, Temachtiani de la Agrupación Difusora de Sabiduría Ancestral “Casa del Cóndor”, trata de imponer que ésta es “la” forma correcta de preparar, iniciar, construir, guiar (lo de “correr temazcal”, admito, siempre me resultó anacrónico y gracioso: imagino un temascal con patitas y yo corriéndole detrás). Y aquí, una vez más, debo volver a citar mis charlas con el abuelo Tlakaélel, quien me iniciara en este Conocimiento pero, muy especialmente, me alentara a difundirlo por el mundo.

Fue allá por el año 2008. En sucesivas conversaciones, Tlakaélel volvía una y otra vez sobre el punto: que veía en mí alguien para “llevar la Medicina a los hermanitos del Cóndor” (como él se refería a quienes vivimos en el hemisferio sur) e ir “encendiendo fueguitos por el mundo”. Recuerdo que comencé poniéndole objeciones. Por ejemplo, que yo descendía de los barcos: no hay en mí ancestros autóctonos (tres partes de abuelos españoles y uno italiano). El abuelo Tlakaélel me miraba con una sonrisa y respondía cosas como “La hermandad es de espíritu, no de sangre. Y nos pasamos quinientos años reclamando por el trato racista y discriminatorio a nuestros antepasados, ¿y ahora comenzaremos a discriminar por una cuestión de piel o de sangre?”. Tengo que ser sincero: eran tiempos donde otros hermanos, más cercanos seguramente que yo (por vivir allí, por presencia permanente a su lado) me veían con cierta tirria. Pero el abuelo insistía. “Enseña, busca discípulos, que se siembren temazcales por todas las tierras”.

Fue entonces cuando comencé a diseñar esta Formación. Compacta, intensa (que lo digan las hermanas y los hermanos que ya me han acompañado). Recordando que Tlakaélel repetía hasta el hartazgo: “Hay tantas formas correctas de correr un temazcal como temazcaleros existan, porque el temascal es una extensión de ese temazcalero”.

Cuando al paso de los años encuentro tantos “expertos” que pontifican cómo “debe ser” un temazcal (en forma, material, ceremonia) recuerdo esas palabras de Tlakaélel y sonrío al comprobar qué preclaro que supo ser. ¿Y si he encontrado opositores?. Si les contara… y si contara también de sus niveles de agresividad: unos supongo que por sincera buena fe pero desconocimiento, otros por fanatismo y anquilosamiento intelectual, unos cuantos porque demasiados temazcales les reducía el negocio…

Hoy, años después, contemplo con alegría cómo supo germinar la semilla y el mensaje está en camino. A la fecha veintisiete formaciones en seis países y casi trescientos cincuenta temazcaleros formados me transmiten la tranquilidad que la siembra está cumplida, aunque vamos por más, obviamente. Siento el espíritu de Tlakaélel paseándose en la bruma de la Ceremonia. Y sonriendo, sonriéndoles, con esa mirada tan pícara habitual en él. Verle, sentirle allí, qué quieren que les diga, es el verdadero espíritu de estas Formaciones.

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