Tarot: ¿“ver el futuro” o trabajar en el crecimiento?

Me genera una sensación entre divertida e incómoda observar cuántas veces las personas que acuden a la entrevista de Tarot quieren imponer sus propias reglas de juego. Se sientan frente a el/la tarotista y le “dicen” lo que debe hacer: “yo esperaba que me diga lo que va a pasar”; “porque yo ya sé que tengo un “trabajo” de magia negra”, y no hablemos cuando el discurso de la entrevista toma andariveles que incomodan al consultante.

Hay numerosas observaciones críticas que podemos hacer, pero permítanme hoy detenerme en la razón de ser de una consulta de Tarot. Existe una concepción determinista en muchos consultantes y (también) algunos profesionales del Tarot, cierta sensación de “inexorabilidad”, tanto en lo que va a ocurrirle a la persona -de la mano de alguna pretendida infalibilidad del consultor- como de la inutilidad de tratar de evitarlo.

Y esto no es así. A cada momento se abren numerosos futuros posibles. El tan mentado concepto de lo “cuántico” encuentra aquí argumentos poderosos y precisamente es señal de crecimiento el saber reconocer qué circunstancias son las que no podemos modificar y cuáles sí, y demostrar ese “crecimiento”, esa “evolución”, haciéndose cargo. Dicho de otra manera: hay una correlación entre quienes creen en un “futuro inmodificable” y se alegran o resignan a “buenas y malas nuevas” dadas por el Tarot, y su aceptado -aunque renieguen de ello- lugar en un universo personal que ni siquiera se atreven a considerar como tal ya que -de hacerlo- deberían aceptar que es su acción (y no las ajenas) lo que lo modificaría.

Frente a ellos (uno desearía que “detrás de ellos”, así podemos contenerles, estimularles, eventualmente empujarles suavemente) quienes sabemos que la entrevista de Tarot es un espacio de metanálisis, donde lo intuitivo (así como la información obtenida por excitabilidad de nuestra mutua -consultante y consultor- percepción extrasensorial) y lo analítico – discursivo se amplifican mutuamente, y de la cual el o la consultante se retira sabiendo que finalizada la entrevista comienza el verdadero trabajo.

Entonces, no será tan urgente “volver a tirarse las cartas” (como algunas personas que de manera casi maníaca y obsesiva hace a veces con pocos días de diferencia), a sabiendas que una eventual nueva tirada mostrará diferencias de escenario, diferencias obvias, y hasta convenientes, porque como el sujeto re-piensa la nueva situación desde que se retiró de la entrevista, está programando, condicionando, “decretando” -si así les place- una nueva realidad.

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