La profunda filosofía tolteca: La tendenciosa “interpretación” histórica

El AbueloTlakaélel compartiendo “Huehuetlatolli” (“Palabra de los Ancestros”) en una Danza del Sol.

Todos sabemos que a través de los siglos de colonización una de las estrategias para desarticular cualquier atisbo de orgullo ancestral era la tergiversación histórica; ya en otro artículo (“El mito de los sacrificios humanos en el Anahuac”) hemos analizado como se manipulan fuentes pretendidamente confiables para crear estructuras de pensamiento que por repetición no las cuestionan. En esta oportunidad, nos detendremos en una “perla” de la Sabiduría Ancestral, ocasión nutritiva en reflexiones tanto porque desnuda ese pensamiento perverso (en el sentido psicológico de la expresión; “desviado de lo correcto”) como, a la vez, expone la profundidad del Antiguo Conocimiento.

Cuando nos preguntamos somos el origen de la percepción de los primeros europeos llegados al Ánahuac (el México prehispánico), además de las razones útiles al Paradigma dominante (religioso y político imperante entonces en Europa), debemos convenir que también tiene raíces en el abismo conceptual entre formas de pensar y “simbolizar” radicalmente diferentes.

Allí está, como ejemplo, el concepto de “teotl”, expresión náhuatl que significa “semilla cósmica” (en el sentido de “emanación de la divinidad”) y que los frailes, al trabajar en sus glosarios para evangelizar en el idioma local, no supieron comprender en su esencia y lo asimilaron -por simple parafonía- con el “teos” griego, es decir, “dios”, y dedujeron que todo lo que se vinculara en la cosmopercepción nahua a la palabra “teotl” inmediatamente remitía a la identificación de una nueva “deidad”.

Los “Sephirot” en el Árbol de la Vida cabalístico.

Si ustedes tienen presente la imagen del Árbol de la Vida de la Kabballah, les será sencillo entender lo que “teotl” significa como “emanación”. En ese diagrama, las virtudes señaladas (Los llamados Sephirot: “Sabiduría, “Justicia, “Equilibrio”, etc.) son emanaciones de Ain Soph Aur (“la corona áurea”, en el pensamiento judío, “D´s” -Dios- ) y de hecho el ejercicio de la Kabballah puede entenderse como un “yoga espiritual” donde el ejercicio consciente de esas virtudes enlazadas por algunos de sus senderos lleva al ser humano en un camino ascendente hacia la Divinidad.

Los españoles observaron que los mexicas reverenciaban imágenes, a las que acercaban ofrendas (hablo aquí de las de flores, agua, caracolas, frutos, etc. Las supuestamente “de sangre”, les remito al artículo anteriormente señalado). Otra vez: como el concepto de “emanación” les era difícilmente asimilable -o simplemente no les interesaba comprenderlo- se contentaron con la semejanza con el “teos” y dedujeron, de allí, la adoración a innúmeros “dioses” cuando en realidad los depositarios de Conocimiento (otra cosa es discutir qué creía el pueblo llano) agradecían por las virtudes alcanzadas. Quetzalcoatl (la “Serpiente Preciosa”, que no “serpiente emplumada” como se traduce erróneamente con tanta frecuencia) remitía a la Inteligencia. Tezcatlipoca, el “espejo de obsidiana tiznado por el humo”, a la Memoria y la Intuición (porque así como difícilmente vemos nuestros rasgos con claridad en un espejo tiznado por el humo, difícilmente conocemos cómo somos en la profundidad de nuestro espíritu); Huitzilopochtli (“El colibrí zurdo del Sur”) la fuerza de Voluntad (porque es el ave que tiene el corazón más grande en relación a su tamaño; porque si se cree en peligro puede parar a voluntad el latido de aquél para parecer muerto; porque, en definitiva, es el único ave que puede sostenerse en un punto fijo del espacio por el sólo esfuerzo del batir de sus alas) y Xipec – Totec (el “hacha de pedernal”, la Acción, que tanto construye como destruye).

Bien. Unas delas oraciones más preciadas en ese horizonte cultural, enseñada por ejemplo a los niños en los Calmecac (escuela) dice:

“Que Quetzalcoatl coma la carne de Tezcatlipoca,
Que Tezcatlipoca beba la sangre de Quetzalcoatl,
pero que Huitzilopochtli, ése, que coma su propia carne
y beba su propia sangre”

Uno casi puede representarse a esos piadosos pero ignorantes -y la ignorancia siempre te acerca al fanatismo- monjes españoles cuando tradujeron esta oración. ¡Dioses antropófagos que, además, hacían “autocanibalismo”! Cómo no suponer, entonces, que sus devotos serían igualmente crueles…

Pero ahora recontextualicen esa oración a la luz de las explicaciones correspondientes que he brindado. Así, se leería como “Que la Inteligencia se nutra de la Memoria e Intuición, que ésta se alimente de la Inteligencia, pero la Voluntad, que lo haga de sí misma”.

Y esto es absolutamente cierto. La Inteligencia puede alimentarse de la Memoria (recordar, por ejemplo, errores del pasado para no repetirlos) y la Intuición (que es una forma inconsciente de resolver o anticipar dificultades, es decir, una forma de inteligencia). La Memoria y la Intuición deben nutrirse de la Inteligencia, claro, ya que dejar todo en manos de lo intuitivo lleva en ocasiones a graves errores cuando no podemos distinguir la intuición de nuestros deseos o temores inconscientes. Y en cuanto a la memoria, ¿de qué sirve recordar si no podemos reflexionar y aprender, mediante la inteligencia, sobre ello?.

Pero con la Voluntad… ser más inteligentes no hace que la voluntad aumente. Tener claro todo recuerdo o ser especialmente muy intuitivo, tampoco. La voluntad sólo se incrementa por el ejercicio repetido de actos de voluntad y no hay fórmulas mágicas para ello. Una Enseñanza que puede servir para templar el espíritu de toda la vida en un muchacho o muchacha adolescente.

Sirvan por lo tanto estas líneas de incentivo para compartir una mirada más humana y espiritual del saber de los Abuelos, y una alerta ante los bien disimulados pedagógicamente empeños en manipularnos.

Un comentario de “La profunda filosofía tolteca: La tendenciosa “interpretación” histórica

  1. Avatar
    tee + ^ dice:

    “Que la Inteligencia se nutra de la Memoria e Intuición, que ésta se alimente de la Inteligencia, pero la Voluntad, que lo haga de sí misma”.

    Ya había leído esto en tus artículos, no sé si será este mismo, pero es bueno recordarlo para tenerlo muy en cuenta.
    Parece simple, pero es muy importante. No sólo por quién lo dice, o de dónde vino… si no, por lo que, esencialmente, transmite.

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