¡LIBEREN A LA DIOSA!

En ocasiones, las acciones no armónicas son más un pecado de omisión que de acción negativa. Por aquello de que «el camino del infierno está sembrado de buenas intenciones», la costumbre de distribuir gratuitamente perdón y amor a diestra y siniestra alimenta monstruos y fantasmas. No se trata, siquiera, de seguir la huella de quien no hesitó en irrumpir a latigazo limpio entre los mercaderes del Templo; sólo, quizás, abrir los ojos y ver algunas realidades incómodas.

Escribí hace ya mucho tiempo que mientras religiones y creencias señalaban lícitos caminos de evolución espiritual, las «iglesias» (como dice su etimología, «ekklesía»: «reunión de hombres»), es decir, la institución construida por humanos alrededor de la creencia es, de por sí, herramienta muchas veces funcional al Sistema dominante. También muchas veces escribí (ver mi artículo «La doble moral de las iglesias: redescubriendo la Diosa Primordial», en AFR Nº 128) que no es original (pero no por ello menos cierto) que ciertas instituciones (como la Católica) fueron útiles a la hora de imponer el «machismo social», sepultar los ideales matriarcales y lunares, condenando al ostracismo a la feminidad espiritual. No seré redundante; con nostalgia descubro que luego de Dan Brown los demás, aunque lo hayamos escrito primero, paradójicamente llegamos tarde.

Sin embargo, si de veracidad histórica y evolución espiritual caminando tomados e la mano queremos hablar, toda oportunidad amerita señalar la manipulación ideológica a la que sistemáticamente es sometida la humanidad. En infinidad de cosas, es cierto. Aquí, sólo referiré una: reprimir, desviar, disipar la inocultable presencia de la Diosa y su efecto en estos tiempos.

He mentido. Prometí no ser redundante, pero no puedo resistirme a la tentación de serlo. De señalar, una y otra y otra vez, cómo el sistema es ineluctablemente machista en lo genérico, lo formal y lo simbólico. Todas las iglesias «masivas» (porque «grandes» es un adjetivo que quizás les quede ídem) ha sometido ideológicamente a la mujer como acondicionamiento inevitable al sometimiento biológico y social. Ella, la mujer, a la cual (y no en todos los casos) superamos los hombres en fuerza física pues en los demás nos iguala o nos supera (piensen en la resistencia al dolor, por caso) han sido, por siglos, relegadas a esa blanda, pasiva y chillona imagen de película hollywoodense de los años ’50. Y como explicara en aquél artículo de referencia, esto no es casual: tiene algo de conspiración.

¿Lobo está?

Ya se sabe: el truco del lobo disfrazado de piel de cordero no es nuevo. Pero seguirá siendo efectivo. En este caso, ahí tenemos un ejemplo: la Iglesia Católica «cobijando» la Magna Mater, el poderoso arquetipo femenino, expresión microcósmica de la grandeza macrocósmica de la Diosa, en ese ingenuo, pálido reflejo de la energía de la mujer que es la Virgen.  Ejemplos colaterales del «manto de inclusión» sobran. En Argentina, por caso, la creencia popular y transgresora en la presencia espiritual de un gaucho difunto, Antonio Cruz Gil, ha comenzado a ser «aceptado» (¿ha comenzado a ser aceptado?) por una Iglesia que ya lo menciona en sus misas, allá en su localidad natal, Mercedes, en la provincia de Corrientes.  Una actitud que algunos han interpretado como de apertura eclesiástica, o de una Iglesia que se aggiorna, o de una que comprende al pueblo.

Las nieblas de Ávalon
Las nieblas de Ávalon

Pero pregunto yo, iconoclasta al fin: ¿Y si hubiera otra intención? ¿Y si lo que se busca es descomprimir la energía de esa creencia popular al absorberla en la institución dominante? Se comprenderá mejor lo que quiero decir al vincularlo al dueto Diosa – Virgen María. Es lo que me pasó a mí mismo cuando, hace unas semanas y de visita en México, tuve oportunidad de ver la película «Las nieblas de Ávalon». La recomiendo. En ella se propone con bastante originalidad una relectura del mito arturiano desde la óptica ya no machista de la Tabla Redonda sino tomando como protagonista principal a Morgana (si hay un rostro que expresa la magia  de la mujer, ése es el de Julianna Margullies, la actriz que la encarna). Pues bien, las vicisitudes de la pobre Morgana acompañan el crecimiento de la religión cristiana en la región y, finalmente, el ocaso de la isla de Ávalon y el culto de la Diosa. Pero la película culmina con una idea peligrosamente seductora: que la devoción a la Diosa sigue presente en la devoción a la Virgen. Este ejemplo estaría evidenciado como pocos otros casos en el culto a la Virgen de Guadalupe. Otros han teorizado que se trata, en realidad, de la sublimación del antiquísimo culto a Tonantzintlalli, la Madre Tierra. Y que los cientos de miles de peregrinos que todos los años concurren a la basílica mexicana en realidad estarían continuando de modo simbólico el culto ancestral e indigenista a la Tierra. Es una buena explicación. Pero falla en un punto: la devota, el devoto que no tiene la menor idea de quién era Tonantzin o que, teniéndola, reniega de ella (¿cuántos mexicanos hay que aún hoy se avergüenzan de su pasado glorioso?) pone sus energías, de forma renovada y redoblada, en el contexto católico. Y, ¿por qué decía que era peligroso? Porque la semejanza entre ambas devociones comienza y termina en que el personaje central es femenino. Y nada más. Al culto intenso, visceral, aguerrido, fértil y sobre todo, independentista del hombre que es el culto a la Diosa se opone el culto a una mujer sufrida y sufriente, en eterno llanto y espera pero, sobre todo, subordinada a lo masculino por toda la eternidad: la Virgen María. Una expresión espiritual donde lo depresivo de la muerte campea hasta en su más común letanía («Santa María madre de dios/ruega por nosotros/ ahora y en la hora de nuestra muerte…») Para ponerlo de otra forma. Sostengo que no solamente el culto mariano no reemplaza, no sucede, no sublima el culto a la Diosa sino que, por el contrario y precisamente, es diseñado e impulsado para absorber y diluir las energías femeninas que de encontrar su canalización en el culto a la Diosa vivificarían la pulsión ancestral de recuperar una presencia matriarcal y lunar absolutamente peligrosa para el ideario patriarcal y solar, es decir, masculino. Toda mujer que devociona a una imagen pasiva y dominada alimenta el aspecto más entrópico de la feminidad: el bíblico, el de la mujer que debe seguir al hombre, que le debe subordinación hasta la estupidez, pensada y creada para engordar atada a cuatro paredes y su prole. La mujer independiente, lúcida, aguerridamente libre, activa y participativa pero, sobre todo, dueña de su vida, madre, mujer y ser espiritual al unísono sólo puede verse reflejada en un Arquetipo a la medida de sus sueños. El que brilla cuando libera a la Diosa interior.

16 comentarios de “¡LIBEREN A LA DIOSA!

    • Gustavo Fernández dice:

      Hola, cómo estás:
      Si bien no soy muy amigo de las «cábalas futboleras», quien te dice que no se transformó en un profecía autocumplida?. Npo sé, de todas formas, discúlpame, soy argentino y no tengo idea de la historia chica del Real. Quizás sólo necesitan un buen DT :-))))
      Saludos

  1. Rodolfo Ant Pareja dice:

    Muy preciso, ajustado y real lo que describes sobre el engaño y la manipulación a que ha sometido la iglesia lo femenino, el como desprecio y subordinación en que lo ha mantenido siempre y todo lo demás, arandelas que utilizó desde que empezó su dominio en el plano mundial desde la época de Constantino. Para infortunio no es eso lo único que ha hecho. Tergiversó por completo, por medio de la Biblia, los cuatro evangelios especialmente, la historia y la vida de ese gran Señor y Maestro que fue Jesús. Lo mitificó de un todo haciéndolo aparecer lo que no era endiosándolo a extremo increible, apartándolo por completo de quien fue realmente, un Mesías fuera de serie y líder de su pueblo, Israel y Palestina, tanto materialmente como en lo espiritual. Eso que comentas sobre lo que escribió Dan Brown, con el Codigo DaVinci y demás, no es lo único para esclarecer esto y desenmascarar todo lo hecho por esta Iglesia (cuyo líder verdadero no fue Jesús sino Constantino) No es sino leer los libros anteriores de Baigent y Leigh para comprobar esto: La tremenda manipulación histórica que sometieron todo, para ajustarlo a su dogma específico, irracional, y lejano, completamente alejado de la realidad de los hechos y de la historia. De todo como realmente sucedió hace mas de dos mil años.
    Mira el libro «El Legado Mesiánico» de estos escritores ingleses, por ejemplo.
    Atte, RudiAnt Pareja

    • Gustavo Fernández dice:

      Hola Rodolfo, gusto en leerte:
      Precisamente, «El Legado Mesiánico» es un trabajo esclarecedor que ha pasado desapercibido, y de esa forma «El Código Das Vinci» más que abonar la teoría vino a opacarla con su ficción. Así están las cosas.
      Un abrazo

  2. Josep dice:

    ¿Recordais a San Cirilo de Alejandría, Defensor de la Fe? Instituyó el culto a «María Madre de Dios», lo que fue una gran fiesta para los cristianos egípcios, que así pudieron rendir culto abiertamente a sus imágenes de la Madre Isis con el niño Horus en brazos.
    También hizo ejecutar a Hipatia de Alejandría, que se ha puesto de moda con la película «Ágora». Un relato más serio, acompañado de un breve artículo «La Mujer en la Época grecorromana» lo podeis leer en: http://enebro.pntic.mec.es/~phum0000/cts/hipatia/hipatia.htm
    Un personaje de la calaña de San Cirilo, lo que hizo con la «Madre de Dios» fue, como dice Gustavo, «extraer» la energía de la Diosa Isis, y hacernos venerar a una Virgen sufriente subordinada a lo masculino… Y a Hipatia, la mujer inteligente, independiente y famosa por su «belleza, sabiduría y virtud», la hace asaltar, desnudar, arrastrar hasta una iglesia, y arrancarle la carne de los huesos con conchas marinas y trozos de cerámica. Problema resuelto.
    Y así vamos desde entonces.

  3. Javier dice:

    Hola, Gustavo.

    El problema de la manipulación de la Iglesia de Constantino y San Pablo, que no de Jesús, no es sólo que falseara el Antiguo Testamento y los Evangelios, ni tampoco la ocultación de conocimientos trascendentales sobre la Historia y Prehistoria humanas (que aún yacen custodiados en la Biblioteca de El Vaticano). Con ser todo ello importantísimo, vital, razón suficiente para el oprobio de dicha institución, es todavía peor el alineamiento, en todo tiempo y lugar, con fratricidios (América indígena, Inquisición, holocausto judío), con políticas favorecedoras de graves pandemias como el sida (al desaprobar, especialmente en África, el uso de preservativos), o con el encubrimiento metódico y sistemático de la pederastia llevada a cabo por sacerdotes sobre niños indefensos. Son sólo unas muestras. Pero seamos justos. También hay instituciones eclesiales comprometidas con la caridad y la asistencia social, tan visibles hoy en día en estos momentos de crisis económica. Curiosamente, casi siempre estas funciones de asistencia vienen siendo desempeñadas por mujeres, es decir, por monjas.

    Y si la inclinación de la Iglesia es la sumisión de la mujer, no es menos cierto que es en el seno de los países cristianos (protestantes, católicos y, en menor medida, ortodoxos) donde han surgido y arraigado las actuales democracias, con todos sus defectos y virtudes. Y gracias a la libertad que de dicho sistema político (la democracia) se derivan, vemos que las mujeres van encontrándose a sí mismas poco a poco, conquistando parcelas antes vedadas. Con todo esto quiero decir que la Iglesia, muy a su pesar, no ha podido evitar ni la democracia ni la libertad de la mujer. Pero yo te pregunto, Gustavo, ¿ocurre lo mismo dentro de otras culturas, por ejemplo, la musulmana? Allí, por desgracia, la mujer es una propiedad total del hombre (del padre, del esposo, de los hermanos, hasta de los hijos) y se le considera esencialmente inferior. No sé dentro de cincuenta o cien años, pero hoy día el Islam es una barrera aún más alta que la Iglesia para la mujer. Iré todavía más allá. El problema no son sólo las grandes religiones monoteístas, es el machismo allá donde se encuentre. Hasta el presente, es el varón quien ha copado la mayoría de disciciplinas científicas, puestos de poder y trabajos de toda índole, mientras la mujer estaba en casa criando hijos. Ello, lógicamente, ha impregnado todas las áreas del conocimiento de un machismo más o menos consciente que desembocaba siempre en la hegemonía del hombre sobre la mujer. Pero, y con esto termino, las cosas cambian. En mi país, España, en pocas décadas las mujeres han pasado de tener un papel meramente testimonial en la Universidad, ha superar al hombre en número de estudiantes, en licenciaturas y diplomaturas, y en mejores calificaciones. Queda camino, pero ya están marcha.

    Saludos a todos.
    Javier

    • Gustavo Fernández dice:

      Totalmente de acuerdo, Javier. De hecho, no hice hincapié en la iglesia católica por ser la más significativa en su sometimiento de la mujer sino por su papel de presencia absoluta en la mayoría de los países desde donde se está leyendo esto.
      Un abrazo

  4. María Isabel dice:

    El órden en grafología es uno de los aspectos a evaluar. Nos indica inteligencia. Todos los rasgos analizados en las pinturas y esculturas cumplen a la perfección con este punto. Incluso si nos remontamos a civilizaciones carentes de escritura propiamente dicha. Un abrazo de luz.

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