LA TOLTECAYOTL (Sabiduría Tolteca) EN TIEMPOS DEL MIEDO (1) TLAZOLTEOTL

Representación artística de Tlazolteotl.
Representación artística de Tlazolteotl.

Tlazolteotl. «La Que Come Suciedad». En la cosmopercepción mexhica tolteca, lo que el europeísmo interpretó como «dioses» múltiples y absurdos, remitían a una concepción extremadamente profunda: la de «teotl» («semilla»), esencias cósmicas, emanaciones de la Divinidad («Ipalnemouane», la divinidad Única e Inmanente, que se desdoblaba en una Dualidad, «Ometeotl» («dos-semilla», dios-en-acción). Y esas «semillas» son sembradas en el espíritu de cada hombre, de cada mujer para que con nuestra voluntad y enfoque las desarrollemos.

Así, Tlazolteotl, es la esencia, es decir, la capacidad latente en nuestra naturaleza, de transformar lo negativo en positivo, lo inferior en superior, lo malo en algo bueno. Y qué mejor momento para reflexionar sobre ella que éste que estamos viviendo.

Todos estamos viviendo momentos difíciles, y sería estrecho de miras decir quién lo pasa más difícil porque si bien desde una mirada global hay personas en situación realmente trágica y otros más relajados, a cada quien le aprieta el zapato propio y sufre, se resiente, se lamenta desde su lugar particular. El viajero varado con escasos recursos en un país ajeno. El independiente que ve violentamente cercenada su posibilidad de generar ingresos con los que vive quizás al día. El familiar angustiado esperando el resultado del hisopado de un ser querido. Cómo no, los seres queridos que ya han perdido a sus amados. En tiempos de juicio fácil, es bueno no practicarlo y quizás sólo observar y opinar sobre uno mismo.

Y alimentar nuestra Tlazolteotl interna. En tiempos modernos la han llamado «resiliencia». Creo que es mucho más que eso, porque la resiliencia se gesta por la superación de malos momentos, de manera casi solapada e inadvertida, mientras que la semilla Tlazolteotl se alimenta de consciencia en acción, Voluntad y meditación. En la Toltequidad (Toltecayotl) nos nutrimos de la percepción de que los «dioses» duermen en nosotros, esperando el momento en que nuestras acciones, nuestros gritos de guerra, nuestros cantos y nuestras flores (de lo que hablaré en próximos artículos) los despierten.

Tlazolteotl es Transmutación. Y la transmutación comienza enfocándonos en el Aprendizaje. Porque el problema en la vida no es sufrir; es sufrir y no haber aprendido nada en el proceso. ¿Qué lección me deja lo que estoy viviendo? ¿Veo el beneficio colateral pero maravilloso de haberle dado un respiro a la Tierra? ¿Asumo que mi «poder» sobre tiempos y circunstancias es relativo? ¿Comprendo que debo tener siempre un plan de contingencia? ¿Me enfoco en sostener mi eje de equilibrio sin perjuicio de mi discernimiento?

Esto es Huehuetlatolli, Palabra de los Ancestros: «Mira cómo reaccionas ante tus dificultades. Sólo un Guerrero, una Guerrera, trabajará sobre el momento para solucionarlo pero sin perder la sonrisa, la fe en su propósito y la capacidad de seguir soñando. Verá la dificultad como una oportunidad de detenerse, respirar, mirar hacia atrás y hacia adelante, y continuar. Quien no lo sea, sólo trabajará sobre el momento para solucionarlo».

Porque todo pasa. Porque su Tlazolteotl interno le cubrirá con su «chimalli» (escudo).

Porque esto es Huehuetlatolli, palabra de los Ancestros.

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