La primera transmisión “en vivo y en directo” del paso de una flotilla OVNI en Argentina

“Clarín”.

Es muy posible que algunos lectores consideren esta nota superflua o meramente anecdótica, y es muy posible que tengan razón. Pero si uno (el autor) cree haber ganado algún derecho, es elegir libremente sobre qué escribir, cuándo y por qué hacerlo, en la tibia esperanza de que la cordialidad de los lectores sabrá ser displicente. Tanto, como el hecho de que (inevitablemente) sea autorreferencial. Pero se trata de una pequeña gratificación literaria que me permito, quizás sin más valor que alguna futura referencia a pie de página de terceros.

Y si bien esta anécdota la he relatado circunstancialmente en otras ocasiones, nunca le había dedicado un espacio por sí misma. Y la razón, si se quiere, es cierto prurito: ocurrió hace ya tanto tiempo que, en muchas mudanzas y etapas que jalonan la propia vida, ya había extraviado hace rato lo que podría presentar como evidencias documentales. Eso obligaría a mis lectores a confiar meramente en mi palabra, pero si se trata de ser prolijo y cuidadoso en la exposición de los hechos, no estaría acompañado de indicio alguno. Sólo confiar en la memoria de algún eventual oyente de aquellos años, y poco más.

Es cuando aparece en escena el estimado Marcelo Metayer -ya le recordarán ustedes por otras contribuciones analíticas, como la citada aquí– infatigable investigador capaz de rastrear sin prisa y sin pausa una fuente hasta llegar al hecho. Marcelo, con una disposición que nunca agradeceré lo suficiente, tomó a su cargo rastrear esta información y es gracias a su trabajo que puedo extenderme aquí. Cuando fui protagonista de la primera –y hasta donde sé– única transmisión radial, “en vivo y en directo” (como se acostumbraba decir entonces) del paso de una flotilla de OVNIs sobre la ciudad de Buenos Aires. 

A fines de 1983, casi en coincidencia con el advenimiento de la democracia en Argentina, había ingresado a trabajar en la antigua y famosa emisora Radio Splendid, de mi ciudad natal. Estuve allí un par de años, hasta fines de 1984 como “movilero” del programa “Definitivamente Radio” que el periodista Horacio Frega conducía de lunes a viernes de 0:00 a 6:00 hs, y luego seguí haciéndome cargo de exteriores –y como columnista en el piso– en ese horario. Es curioso que fuera el tema OVNI precisamente el que me llevara allí: Frega me convoca para hacer un “micro” sobre el Fenómeno pero, al paso de los días, me ofrece incorporarme como parte del “staff”, con tareas periodísticas más generales. En ese entonces, trabajaba yo como colaborador periodístico en entonces muy conocidas revistas “amarillistas” como “Flash” y “Antena”, además de estar a cargo de la redacción en un “house organ” del ambiente empresarial discográfico.

En los primeros días de febrero de 1984 (llevaba poco más de un mes como “movilero”, es decir, a cargo de cubrir notas desde exteriores) comienza en Buenos Aires un paro sindical de personal de transportes de larga distancia. Plena época estival, una suspensión de estos servicios era verdaderamente caótico. Era noticia. Así que el jueves 2 fui con mi equipo, en la unidad móvil de la radio, junto a otro periodista, José María Domínguez, y un técnico cuyo nombre, sinceramente, no recuerdo. Obvio las vicisitudes de esa primera noche; sólo diré que los ánimos estaban muy caldeados y hubo varios conatos pugilísticos entre pasajeros y empleados, en uno de los cuales, incluso, casi nos vemos mezclados.

Al día siguiente, viernes, el caos seguía pero el clima estaba un poco más ordenado. Apenas pasada la medianoche estábamos de nuevo en el epicentro de los hechos –la Terminal de Ómnibus de Retiro– entrevistando turistas frustrados, empleados y delegados sindicales. Estábamos ya en ello cuando alrededor de las dos y cincuenta de la mañana del sábado, todo ocurrió.

El móvil de exteriores era un gran camión Mercedes Benz, en cuya caja posterior teníamos un pequeño estudio de grabación y transmisión. José María estaba fuera, conversando con los viandantes, y yo en el interior del mismo entrevistando en paralelo con los conductores en el piso precisamente a un sindicalista. De pronto por una de las pequeñas ventanillas del rodado veo a mi colega que con rostro desencajado viene corriendo hacia mí (yo seguía sosteniendo en mi mano el micrófono con el cual, auriculares puestos, dialogaba el sindicalista), se pega contra el vidrio y señalando con el índice al cielo, forma claramente con la boca la palabra “ovni”.

Dejé el micrófono en manos del sindicalista que seguía hablando, abrí la puerta posterior del vehículo y me asomé, mirando hacia arriba.

Allí estaban.

Sobre mí, en el cenit, en dirección claramente Norte–Sur, una perfecta formación en “V” de ocho objetos lenticulares –claramente lenticulares– de color amarillo-verdoso, con estelas brillantes, cruzaban a media velocidad la noche. Fue apenas un segundo de duda: giré sobre mí mismo y de un manotón arrebaté de las manos del sindicalista (aún recuerdo su expresión azorada) el micrófono, salté a la calle cuidando de no enredarme y tropezar con el cableado y a los gritos comencé a describir lo que estaba viendo.

Fue un arrebato, claramente. El despido hubiera sido una consecuencia inevitable. Si no fuera que, sin saberlo, estaba transmitiendo por primera vez en directo una masiva aparición OVNI. Y lo que desencadenaría después.

La flotilla continuó su desplazamiento hacia el Sur (la zona, aún hoy, es lo bastante despejada de edificios como para que el campo visual se extienda próximo al horizonte) y repentinamente uno de los objetos, del ala izquierda, se desprendió del grupo y continuó en dirección al Sudeste. Lo señalé, comentando también que iba “en dirección a Montevideo” (República del Uruguay).

En esos tiempos no existía la TV por cable, obviamente tampoco Internet y pocas emisoras de frecuencia modulada. De manera que insomnes, trabajadores nocturnos y gente que no necesitaba madrugar sólo tenía como opción para entretenerse que escuchar radio. Splendid era muy potente y, de hecho, teníamos una importante audiencia en Uruguay. Mi advertencia al aire hizo que no solamente mucha gente en Buenos Aires sino incluso algunos en Montevideo, salieran a balcones, patios, terrazas y alcanzaran a presenciar el paso de los objetos.

A nuestro alrededor había decenas de personas que también habían sido testigos. Cuando el fenómeno desapareció y se calmaron un poco los ánimos, tratamos de recomponernos y regresar a la entrevista con el sindicalista, que seguía, un tanto asustado, sentado donde lo dejé. Pero “esa” nota se había desinflado irremediablemente y la liquidamos en pocos minutos. Y recibimos la orden de regresar a la emisora.

Días después Horacio me confió que en ese momento pensaron que yo había enloquecido (recuerden: me habían llevado a la radio en primer lugar por mis andanzas como investigador OVNI) e iban a despedirme con cajas destempladas. Pero en el tiempo que tardamos en llegar los teléfonos de la emisora comenzaron a recibir una avalancha de oyentes contando eufóricos que habían alcanzado a ser testigos del hecho, lo que lógicamente me daba plena credibilidad. De manera que fue llegar, sentarme al micrófono en el piso y dedicar el resto de la madrugada a contar, una y otra vez, lo ocurrido.

Dado que ocurriera en la madrugada del sábado –cuando los periódicos ya estaban saliendo de imprentas– la prensa local no reflejó el hecho sino hasta el domingo 5. Recuerdo “Clarín”, “La Razón, “Crónica” y algún otro. “La Nación” también pero, como se verá, siguiendo con su estilo conservador y pacato de entonces, se enfoca en el costado “astronáutico” del episodio.

orque lo tuvo. Así como lo que hoy veo, más bien antes que un “ocultamiento”, una tarea de “intoxicación”.

Y como dije, durante años extravié las citas periodísticas y no tuve el tiempo –o no di importancia– a rastrearlas en alguna hemeroteca de envergadura. Al no poder presentarlas, no tenía sentido extenderme en el análisis de este caso. Hasta que apareció Marcelo (Metayer) quien se toma el trabajo de conseguirme dos recortes (suficientes por ahora, ya veré de proveerme otros) y sobre ellos, reflexionar. Obviamente las reflexiones son mías, no de mi colega, a quien excuso de las mismas si parecen atrevidas.

No solamente yo; todos quienes estaban en Retiro, conmigo, coincidimos en la descripción. Ocho objetos, en “V”, verde-amarillentos, con estelas fosforescentes, en dirección Norte-Sur. Uno se aparta del grupo, en dirección NO-SE. Velocidad constante, trayectorias (excepto ése aislado) claramente paralelas.

“La Nación”.

Pero “La Nación” comenta cosas interesantes. Dice que la NASA, a pesar del requerimiento, no había emitido ningún comunicado. En contradicción con lo que indica “Clarín”, donde la NASA informa que “supuestamente” serían restos del satélite Westar VI, transportado por el transbordador Challenger (sí; “ése” Challenger) y “presuntamente” desintegrado.

“La Nación” también habla de observaciones en la retiradas ciudades de Santa Fe y Córdoba –que no pudimos corroborar– de un “enorme resplandor y halo” que habría antecedido a los objetos (de haberlo, desde mi primigenia ubicación yo no podría haberlo visto pero sí mi compañero de trabajo y los otros testigos circunstanciales que nada informan). Escribe de unos “50 objetos” aunque luego “su” testigo –un redactor anónimo del diario y su esposa– lo reducen a 16. Este testigo señala el “comportamiento inteligente” en el desplazamiento en grupos, cuatro a la cabeza en forma de “punta de flecha”, luego dos o tres en fondo, luego otros nueve y finalmente, a cierta distancia, tres más, aunque allí sumarían casi 20.

Habla de color rojizo-dorado con estelas blanquecinas y citan una trayectoria NO-SE.

“Clarín” también “modifica” la información. Digo “modifica” porque, pese a citarme, cambian mis declaraciones. Afirman que cité un desplazamiento “Este-Oeste” (absolutamente perpendicular al que vi y referí) aunque el resto del contenido es consistente.

No recuerdo (y no hemos obtenido aún los recortes periodísticos) qué decían los otros diarios. Tuve, si me permiten decirlo así, mis “quince minutos de fama” y quedó en el recuerdo. Como dije, nunca me había detenido en exceso por la carencia de evidencia, que ahora sí puedo presentar.

¿Qué vimos? Sigo convencido de que se trataba, literalmente, de objetos voladores no identificados. Las “explicaciones escépticas” me parecen amañadas y confusas y no creo que accidentalmente. La formación era precisa y ese “desprendimiento” citado excluye un conjunto de restos meteoríticos o espaciales calcinándose al ingresar en la atmósfera. Como sabemos, especialmente para el caso de meteoritos, existe un “punto radial” en el cielo: si uno proyecta imaginariamente las trayectorias “hacia atrás” se dispersan desde un punto dado. Aquí no. Todo su largo trayecto lo hicieron en vuelo paralelo unos de otros. Y eso fue todo. Lo que queda es historia: la primera transmisión radial en vivo de una flotilla OVNI.

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