¿Cómo esperar una «prueba» del orígen extraterrestre de los OVNI?

Sólo para consensuar interpretaciones con el lector, comenzaré señalando que en este texto empleo la palabra “ovni” sustantivizada. Es decir, dándole un significado sinonímico a “nave extraterrestre” (tripulada o no) y sin consideraciones más afinadas pero quizás propias de otras reflexiones como si tal origen es en puridad “extradimensional”, de otra línea del tiempo –y el espacio– y un largo etcétera. Aunque, inevitablemente, rozaré esas consideraciones.

Desde largo tiempo atrás vengo leyendo cómo numerosos críticos autodenominados “escépticos” de la realidad Ovni –y algunos ufólogos también– demandan a los gritos una “prueba”, una sola “prueba”, del origen extraterrestre de este fenómeno. Permítanme aquí quienes sostienen la convicción de su presencia y aún más, quienes estén convencidos que gobiernos, individuos aislados o ellos mismos están en contacto –físico, telepático o como sea– con esas Inteligencias: con todo respeto, en esta oportunidad no es a ellos a quienes escribo, sino al gran número de lectores que mantienen –como el autor– numerosas incertidumbres sin sentirse por ellos devaluados en la escala de la cósmica evolución espiritual.

Así que –volviendo al punto– la pregunta que debemos plantear en primer lugar no es “si” hay una pruebas del origen extraterrestre de los Ovni. La pregunta debería ser: ¿QUÉ es unas “prueba” de tal procedencia?.

“Qué tonteríapensará el lector– Es una obviedad. Un trozo de Ovni, por ejemplo”.

El problema, querido lector, es que aún con un trozo de Ovni sobre la mesa del laboratorio el “panrefutador militante” (para diferenciarle del verdadero escéptico, que es otra cosa) siempre tendrá un argumento para rebatirle. Por ejemplo:

A)Demostrado que se trata de un material o metal que no existe en la tierra o que no figura en la Tabla Periódica de los Elementos (lo que es muy improbable ya que –en contra d elo que sabe la mayoría de la gente– todos los elementos de nuestra Tabla se encuentran en todas partes del Universo o, cuando menos, de este Universo, lo que nos retrotraería a la especulación sobre que si provinieran de un Universo o dimensiones paralelas tal vez sí, en ellas, existiría algún material no clasificado. Pero, en tanto “extraterrestre” -y no “extradimensional”- no haríamos más que encontrar lo que ya sabemos que debe existir. Empero, puede presentarse en forma de aleación –o combinación– aún desconocida. Y, quién sabe, quizás así como “material desconocido”. Pues entonces, ¿qué dirá –lícitamente, pues a ello tiene derecho– el “panrefutador”?. Pues que eso demuestra que aún la Ciencia no conoce todos los elementos existentes en la Naturaleza y debe ampliar sus clasificaciones. Y todos contentos.

B)Supongamos ahora que tenemos sobre la mesa del laboratorio no ya un trozo de nave, sino de uno de sus hipotéticos tripulantes. Ahí sí: estamos ante una biología no humana. Pero entonces, el debate sería: ¿cómo nos llega esta información?. Si (a) lo es de manera incidental y no oficial, para el “panrefutador” todo será producto de un “bluff”, un montaje, tarea de conspiranoicos. Y si (b) hubiera –qué ingenuos– un anuncio “oficial”, ¿cómo negarle el derecho de desconfiar sobre un montaje, pero ahora de los servicios de inteligencia, fuerzas armadas o gobiernos, para desviar la atención de la opinión pública de problemas sociales más graves, convencernos de nuevos gastos en militarización o intoxicar con creencias manipulables a las masas?

C)Un tercer tipo de “prueba” sería un descenso de una de estas naves frente a un público cuantitativa y cualitativamente “creíble” -y, ya sabemos: el público “creíble” para mi puede no serlo para ti- Lo de ”cualitativa” es porque ya ha habido casos de estos ante centenares de personas y un mes después era ya una noticia olvidada. Y si yo recordara aquí algunos de estos casos (Fátima, Voroznev, Johannesburgo, etc.) los “panrefutadores” rápidamente argumentarían para quitarle credibilidad a esos casos, lo que no hace más que demostrar mis dichos.  Bien, y ante ese grupo de “notables” -otra vez, cuantos ufólogos argumentarán aquí que ya los ha habido, sólo que en secreto– tendría que haber cobertura abiertas de los medios yu difusión a nivel mundial…. Y ahora díganme, con una mano en el corazón y recordando lo dicho en el párrafo (B): ¿no creen ustedes que los “panrefutadores” desconfiarían igual –montaje, holograma, operación de prensa– ya que resultaría “demasiado bueno” para creer (¿quién no desconfía de la foto de un Ovni “demasiado buena para ser cierta”?)?.

Y todo esto ocurre por un hecho incontrolable. Todos y cada uno de nosotros, panrefutadores y creyentes, ateos y devotos, gente de izquierdas o de derechas, somos prisioneros de dos cárceles que fuimos paciente y laboriosamente construyendo a lo largo de nuestras vidas: el Paradigma de Realidad y el “sesgo de confirmación”. Lo primero habla de lo que tomamos como “real”, “verdadero”, “cierto”, de acuerdo a la estructura de ideas y creencias que hemos adoptado a lo largo de los años. Que creemos fruto de un “albedrío” (o, para lastimar un poco más el idioma, un “libre albedrío”) que nunca fue tan libre. En ese Paradigma-sea cual fuere– algo es una “prueba”, una “evidencia” en el contexto de la teoría en que se presenta. Lo dicho, para mí, puede ser “prueba” del origen extraterrestre un trozo de metal desconocido en la Tierra; para el panrefutador, es “prueba” que aún nos falta conocer otros metales en el Universo. Y en el Paradigma de cada uno, cada uno tendría razón.

En cuanto al “sesgo de confirmación”, se trata de la tendencia inconsciente a tomar los argumentos y elementos que se ajustan a nuestras creencias preexistentes y desvalorizar los que no.

Así, prisioneros de las peores de las prisiones –porque aunque el medio nos brinde los materiales y financiación, la  mano de obra en su construcción es nuestra- pasamos nuestra vida, debatiendo, polemizando, subiéndonos la presión emocional sin advertir que sólo somos reos gritándonos desde ambos lados de la valla que separa nuestras penitenciarías intelectuales.

 

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