Las caminatas iniciáticas como sendero al cricimiento espiritual

Ahítos de interpretar símbolos en los derroteros esotéricos y espiritualistas, es vivificante descubrir que, en ocasiones, el sendero es Sendero y también camino. Y que, caminando sobre nuestros pies, podemos explorar los vericuetos del alma.

En todas las culturas, en todos los tiempos, el caminar como acto espiritual acumula una abigarrada tradición. Desde los caminares a la Meca, a Santiago de Compostela, así como el recorrido atento y meditativo en el interior de una iglesia, sin olvidar las herméticamente embozadas en otros contextos (como los recorridos día tras día alrededor de Jericó antes que sonaran las trompetas), o el contemporáneo “tedeum” de nuestros gobernantes que en fechas patrias, cumplen el riguroso protocolo de olvidado origen entre la correspondiente Catedral y la Casa de Gobierno.

 Imbuído de cierto espíritu revisionista, en los últimos tiempos dediqué preferente atención al estudio de la correspondencia entre centros ceremoniales indígenas –en la dilatada geografía americana- y las líneas de energía telúrica, campo propicio para aplicar mis conocimientos y prácticas de Radiestesia. Arribé a algunas conclusiones interesantes, como la correspondencia entre las obras hídricas del rey – poeta mexica Netzahualcoyotl y dichas líneas de energía, en un todo correspondientes a lo que milenariamente en Feng Shui se conoce como “venas de dragón”. Inevitablemente, el estudio me iba a llevar a preguntarme, una vez determinado el conocimiento que las Culturas ancestrales tenían de este fenómeno, si habían descubierto, también, la manera de aprovecharlo y para qué.

La respuesta fueron las Caminatas Iniciáticas.

Una Caminata iniciática es un recorrido en un sitio de poder –sea éste natural, artificial o una construcción que aprovechando el conocimiento previo de las características energéticas del lugar amplifica las mismas- que, por definición, exige cuatro condiciones:

  • a) Que el lugar tenga una característica de connotación espiritual, ya sea por el conocimiento arcano de su naturaleza energética, ya por retrotraer a la evocación de un suceso paradigmático de naturaleza espiritual que allí hubiera ocurrido.
  • b) Que la misma, tanto en su localización como en su desarrollo, se haya sostenido y repetido por un tiempo históricamente significativo.
  • c) Que los participantes la realicen en “comunión” (“común – union”) con esos principios, es decir, en una atmósfera meditativa, seria y responsable, que vehiculice la conexión o “sintonización” con aquella naturaleza.
  • d) Que sea guiada por alguien responsablemente conocedor de estas alternativas, actuando así como elemento de “enfoque” de las expectativas del grupo o el individuo, generalmente bien intencionadas pero desprovista del bagaje informativo o de preparación para absorber por sí mismo las sutilezas de la experiencia.

La vía de Regina

Quizás un ejemplo bastante difundido de esto sea lo que propone el mexicano  Antonio Velazco Piña en su novela “Regina”, donde a través de la reconstrucción harto ficticia de un probable personaje de existencia real (una joven mexicana que buscó recuperar las raíces del orgullo ancestral mexika y que habría muerto en los trágicos sucesos conocidos como “la masacre de Tlatelolco», el 2 de octubre de 1968) hace en las instancias previas a ese ansiado “despertar” junto a un grupo de jefes indigenistas en pleno corazón del México DF. En la novela, el recorrido abarca:

  • Desde el lago de Chapultepec hasta la explanada del Museo de INAH
  • Seguir un tramo por el Paseo de la Reforma
  • En la esquina con avenida Juárez, doblar a la derecha y seguir de frente
  • Al llegar a la avenida San Juan de Letrán doblar a la izquierda
  • Seguir una sola calle de dicha avenida
  • Doblar a la derecha para seguir por avenida Cinco de Mayo
  • Desembocar en la Plaza de la Constitución

Mentes más iluminadas que la propia discuten aún si ese recorrido realmente existió hasta los tiempos de los aztecas y si tiene alguna característica energética que le sea propia. Pero lo cierto es que aún si se tratare de una información errónea, desde hace muchos años ya grupos crecientes de entusiastas de la Mexicanidad viene practicándola (así como una Vía alternativa, que partiendo de la Basílica de Guadalupe pasa por Tlatelolco y se dirige esforzadamente al Zócalo y el Templo Mayor). En términos parapsicológicos, bien podemos ver aquí que esa práctica sostenida en estos años por un número significativo de persona termina creando un “egrégoro”1 capaz, por sí mismo, de un efecto perceptible. Recordamos aquí al desaparecido Jesús Iglesias Janeiro, cuando en “La Cábala de la Predicción” supo escribir: “La gran fuerza del Ocultismo reside en el hecho que, aunque sus afirmaciones fueran erróneas, el creerlas y sostenerlas (y agregaría yo: practicarlas) a través de los años termina haciéndolas realidad, al transformarlas en entelequias” (…) “Al decir de Aristóteles, una “entelequia” es una idea que se hace Realidad, cuando las acciones la llenan de materia”.

La caminata de Piriápolis

Fue (metafóricamente) de la mano del amigo, geobiólogo y hermetista Carlos Rodríguez, de esa bella ciudad uruguaya (sobre cuyos aspectos esotéricos hemos escrito aquí) que tuvimos oportunidad de conocer –y practicar- una enseñanza legada por su maestro, Julio César Stelardo, discípulo que fuera a su vez de ese misterioso multimillonario y alquimista que supo ser el fundador de aquella, Francisco Piria. Stelardo enseñó que había una forma iniciática de recorrer las iglesias de la cristiandad. En su libro “Qabbalah sin velos”, escribe:

“Si superponemos el Árbol de la Qabbalah o Árbol de la Vida sobre un diseño esquemático de una catedral, veremos que es sencillo ubicar en ella los lugares referentes a las diez luminarias (se refiere a los diez Sephirot). . Véase la figura 2.3. Se aprecia que siete de los sephiroth coinciden en su ubicación en los altares. La primera y principal se ubica ante el Altar Mayor y las otras seis alternan en pares opuestos en los altares laterales ded la iglesia. Por la nave central, en dirección al Pronaos o sea la puerta de acceso se ubica entre la fila tres y la cuatro de los bancos, la sephira no visible. Las otras tres restantes tienen su lugar entre las filas siete y ocho, entre la trece y la catorce y la última en el propio pronaos. Ello es así siempre que los bancos tengan la correcta ubicación que esta figura 3 expone. Frecuentemente no es así y se debe ubicar el lugar de las sephiroth centrales en función de las laterales”.

Es interesante señalar que el propio Piria, quizás como una manera de poner esta técnica al alcance de un número mayor de practicantes, adaptó ciertos edificios mundanos por el edificados (como el “Hotel Argentino”) de manera tal que en su espacio pudiera practicarse, “sacralizando” el contexto con la presencia de un número significativo de símbolos evocadores (para más información, releer esta nota).

La caminata de Cholula

En nuestro último viaje a México y durante nuestra visita a Puebla, tuvimos oportunidad de realizar la Caminata Espiritual de Cholula, gracias a los buenos oficios de nuestros amigos Alma Briseida Álvarez Lomán y Christoph Motzet. Bajo la guía de José Fernando García Villanueva, profundo conocedor de la historicidad y espiritualidad del lugar realizamos la misma alrededor de lo que es considerada la pirámide (con precisión, deberíamos decir “centro ceremonial”) más voluminoso del mundo. Allí tuvimos ocasión de vivenciar en cuerpo y espíritu las observaciones señaladas en la larga introducción de este artículo, vivencias que estoy seguro se potenciarán en la medida que el practicante repita la misma con cierta regularidad. Sirva la oportunidad no sólo para agradecer la ocasión verdaderamente única con la que fuimos honrados, sino también la calidez y compromiso de todos los asistentes, los cuales, a posteriori de la misma, nos acompañaron, en pleno corazón del centro ceremonial y con la debida autorización de las autoridades del lugar, a celebrar una ceremonia de ofrenda a la Pachamama de acuerdo a la ancestral tradición aymara que aprendimos en algunos de nuestros viajes, como parte de este proceso integrador entre el simbolismo del Águila y el Cóndor, camino (también iniciático) que llevamos años recorriendo.

¿Y cuáles fueron esas vivencias?. En lo personal señalo:

  • Abstracción del entorno: pese a que la realizamos un domingo por la mañana, con el mercado de artesanías rebosante, viandantes y paseantes (y no es menor señalar el discreto respeto con que todos contemplaron la procesión) el grado de introspección alcanzado realmente hacía que la gente, los sonidos, los olores, todas las sensaciones fueran poco más que un obviable “telón de fondo” al paso de la hilera que, serpenteando (la expresión no es casual: el comportamiento del grupo debe evocar la Serpiente Emplumada) anduvo en buena parte del recorrido a través del gentío mismo.
  • Percepción de unidad con el grupo y con el lugar: Todo era Uno.
  • Afinación de la conciencia: aunque no se “obliga” a seguir un hilo de pensamientos específico, esa “meditación en movimiento” era el escenario ideal para que fluyeran a mi mente preguntas basales, vinculadas al sentido del Camino propio de la Vida; curiosamente, recuerdo que cada vez que mi mente se preguntaba cuál sería la siguiente dirección a tomar –en la caminata- al regresar a hundirme en mis reflexiones inopinadamente me preguntaba cuál sería la siguiente dirección a tomar, en las semanas, en los meses, en los años por venir…
  • Equilibrio: un estado de paz inunda la emotividad al final de la misma, teñida de cierta alegría casi infantil. Se siente que el espíritu ha “rejuvenecido”.

La caminata de Capilla del Monte

Los numerosos grupos que en México proponen y realizan Caminatas Iniciáticas, recuperan como propuesta el invitar a que en todas latitudes, conforme a los propios centros de poder, los propios “rituales” y las propias idiosincrasias, se multipliquen estas Caminatas (de hecho, ya práctica corriente en Colombia, Ecuador, Canadá, Francia y por cierto, el “camino a Santiago de Compostella” es de por sí una esforzada Caminata Iniciática). En lo personal, hemos estudiado su puesta en práctica en la localidad de Capilla del Monte, Argentina, al pie del sagrado cerro Uritorco. Por ello propugnamos e invitamos a realizar la experiencia alrededor de dos centros de poder recientemente recuperados: el castillo del Conde Estévez y el Pucará, ambos en el predio del llamado “Pueblo Encanto” sobre cuyas particularidades esotéricas hemos escrito aquí y aquí. Esta práctica es parte del proceso de recuperación tanto de la funcionalidad que alguna ancestral etnia le diera al Pucará, como del aprovechamiento que de las energías del lugar (y del conocimiento de las mismas) hicieran quienes alrededor del conde Estévez se reunieran, a fines del siglo XIX para aprovechar no sólo la funcionalidad habitacional de la edificación sino su conexión con las energías telúricas que ya hemos detectado, señalado y estudiado en otros trabajos.

Sirva esta propuesta no sólo como invitación, entonces, a realizar esta caminata en particular sino para explorar y proponer experiencias alternativas en un espectro geográfico mucho más amplio.


[1] Un “egrégoro” es un agregado de pulsiones psíquicas a instancias de un número significativo de individuos que termina dotándole de cierta independencia energética, un “parásito” del Inconsciente Grupal o Colectivo.

4 comentarios de “Las caminatas iniciáticas como sendero al cricimiento espiritual

    • Gustavo Fernández dice:

      Estimada «Marcela» o «Marcelina». Veo con beneplácito que aparecen ataques tuyos tanto en este blog como en mi Facebook. Digo con beneplácito, porque cuando alguien desde el anonimato y de forma tan poco inteligente (debería decir, «tan poco femenina») agrede sin más, es que lo que uno hace tiene cierta importancia. Gracias por hacérmelo notar, pero te sugeriría que dirijas tu patético desequilibrio en otra dirección: soy inmunne a estetipo de tonterías. Es más, me alimentan 🙂
      Por cierto, como seguramente algunos lectores querrán darte su opinión, les comento tu mail: marcemarcelina@yahoo.com.ar
      Que estés bien.

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